domingo, 9 de julio de 2017

Entraña y espera.

Es normal que duela
a pesar de tantas veces 
esta misma enfermedad 
que viene sin avisar
y nos deje carentes y ausentes
esperanzados y ciegos
espaciados y discordantes
tan ambiguos como desconocidos
tan hechos a la medida de nadie
aparentes huecos, sin voluntad
de regresar, solo esperando 
un camino alejado de la fortaleza 
de la emancipación.

Es normal que nos acosen 
las precariedades de este elemento humano
la falta de coraje, la negación de las promesas
el estado abrasivo de los que se aman
amontonados en las aceras 
esperando el pequeño guiño que les salve.

Es normal que nos desenfunde la gracia
el pequeño cuajo
donde el arma añora el precipicio
la violenta preparación de los inconstantes
prejuicios, voluntad y estigma
por toda esta fatalidad 
donde tomamos las más terribles decisiones.

Es normal que no nos dañe
tanto dolor de parte a parte
y se nos salven los costados
la fatalidad descrita tornando chiste
la saliva jugando a sonreír antes de tiempo
desnuda la carcajada nos abuse
se nos rompa la faz hecha cristales
estornude el último vahído
el alma escapando de los lastres
esperando sin esperar nada
echándose a perder sin más y sin menos
solo echándose a perder.

Es normal que nos transformen
todas esas pequeñas estrategias
los gemidos propios 
de un animal moribundo
las parálisis ocasionales 
que desgrana esta peripecia
este traslado
esta ausencia 
de coraje, de coraza, de servidumbre
es demasiado normal
que nos encontremos tan a gusto
en las veredas de la reconciliación 
en los resortes del camino
en los límites de nuestra ignorante fronda.

Es normal, demasiado normal
tan normal
estarnos mirando la plaga
el avance intangible de su bocado
que nos oscurece todo
nos oscurece tanto
sin saber a donde ir
después de la última sentencia
que nos hemos adjudicado
para el resto
de esta corta 
transición.

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Ferran Garrigues Insa

viernes, 30 de junio de 2017

Aparentando que juegas.

Hoy parece que juegas
parece 
que no te has dado cuenta
no te has dado cuenta todavía
de la longitud interminable de este abrazo
porque no volveremos a él
se nos hace extrema y necesaria
esta micra de piel
que nos conecta todavía
parece 
que estamos hechos de la misma 
interminable estrategia
pero no
nos queda un hemisferio
una apenas paladeada situación insoportable
mientras parece 
todo parece
y nada se descubre
antes de decirnos todavía
que nos queda algo
nos queda todo
borrándonos
borrándonos de un extremo a la deriva
de la deriva al encuentro
a la pérdida
hoy parece que juego
parece
que repito 
la misma fórmula
una y otra vez
un ruego
intentando, no sé qué
volver a la primera decisión 
antes del discurso
antes de sabernos 
de entender qué somos
hacia dónde nos hemos dirigido
presentes en la pupila de nuestra huída
ausentes, ausentes, trepanados
buscando qué nos queda
qué nos queda
qué
se nos hace dura la reflexión
cuando no queda sobre qué
y las respuestas se ocultan 
en una verdad demasiado estricta
demasiado dura
demasiado enfrente
para nosotros
hijos de la sombra
recostados en la ladera
de nuestra migración.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 29 de junio de 2017

Frecuencias.

Profundidad del desapego
en los pequeños objetos cotidianos
en las estampas fotográficas
que nos destinan y predestinan
a ser una memoria más
un tiempo desperdiciado
al intentar lo imposible.

Excúsame este segundo que tomas
para abrevar este discurso
pues nada
has de encontrar
en la nada
solo el camino a desandar
el filamento
para volver al destino
de uno que no se encuentra
entre las contínuas aflicciones
que nadie comprende.

Nada importa si creas un vergel magnífico
una majestuosa presencia invencible
en tus abrazos o en la caricia donde anticipas el fin
cuando el fin se encuentra en todas partes
en los lugares invencibles, también
en los lugares invencibles sobre todo.

Se prepara el camino para el desastre
en las pequeñas oquedades mortuorias
que nos contagian la ilusión
matándonos de lado a lado
de parte a parte
dejando el aire
espeso como sangre
hecho pedazos
sin nada para respirar.

Y nos hipnotiza el desamparo
entre los hombres que se azoran
como pequeños monstruos ambiguos 
a nuestro derredor 
mientras andamos previos a la caída
por los lugares calmos
donde siempre vuelve a amanecer.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 11 de mayo de 2017

Mórbida.

Me quedé en blanco
de pie, confuso
espaciado
hecho de materiales fungibles
pasado de rosca
roto
vacío
hastiado de venganza
cargado de ira
me hice daño
levante la piel de las entrañas
volví a mirar ese espejo roto
ayer mismo
cuando quise acordarme
entre tanto que pasé el rato
y dejó de importunarme la necesidad de saberlo todo
así de paso, me hice el muerto
dejé la mente divagar el entreacto
pasar la fronda de los viajes
especular si moriré en serio hoy o algún día
pronto, porque el hígado y qué sé yo qué más
no me preocupa demasiado
mientras todavía sé que hallo palabras
en la catarsis de soñar un nuevo juego
de ver el lugar al que apunto
todavía a tiempo
mientras pasan las horas en los colmos
se llenan a rebosar las voces de palabrería
los cuerpos no muestran amor ninguno
las manos cesan toda caricia inoportuna
se fermenta el verbo del que miente
y todos le aplauden y le miman
mientras seguimos mirando horizontales 
el todo que retumba
en la misteriosa corriente de los invencibles
donde nos encontramos
una y otra vez
antes de la lucha
en la frontera de la derrota
que conocemos tan bien.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 13 de abril de 2017

Preludio

Nos atraen los pequeños dulces
regalos en la demora de nuestra predilección
mientras el tiempo nos fecunda de profundidad atareada
y nos dejamos llevar
hacia la vereda límite
sin intención de huir a ninguna parte
perdida nuestra magia
en el residuo
de querer ser lo posible.

Nos aplacan las caricias
nos dudan las mentiras
el ventanal roto
por donde pasan las horas
nos comemos mientras ocurren
la dolorosa estampida
el cauce fresco y perverso
en la desaparición total de nuestro entorno.

Nos atrapan en los ojos las miradas
pequeñas cárceles preludio
de aquello que va a suceder
a pesar de las señales
porque nos conocemos la silueta
venenoso enemigo firme
que se mantiene extático 
siempre a la deriva de nuestra última promesa.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 14 de marzo de 2017

Defensa y calma.

Deja que venga
se cruce el rayo
te hunda en su fragua
desarticulando esta frontera
en la que te has convertido
mientras andas arrastrando sombras
tejiendo sus voces
a la espera que algo despierte
en el desierto que aparentas.

Deja que venga
que no te contente esta pausa
estas caricias relativas
hechas desde el frío
que se atenace la serpiente
entre tus piernas
hasta que no puedas contener el grito
mientras asciende 
hasta morder el centro de la espina.

No des menos que lo justo
ni pidas más de lo que dejas
deja que te inunde el periplo de la calma
aunque no creas que tienes suficiente
aunque pienses que no eres necesario
justifica tu paciencia 
en el resorte de la memoria
vuelve a lo que quede de tu ruina
enciende el pequeño fuego de la resistencia
prepárate para la lucha
no avances, no retrocedas
deja que venga
que la gran ola te alcance
que descubra la furia de la siembra
las profundas raíces de la convicción
el afilado corte de la mirada
traspasando la tormenta.

Deja que venga
pienses lo que pienses
estás preparado
en este espacio mundo 
eres inmensidad
desafío
promesa
mientras siempre recuerdes esto:

Alguien te dio un principio
es cierto
pero a nadie debes 
ninguno de tus finales.

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Ferran Garrigues Insa

La vespertina.

El cuerpo amarillo 
de tanto dudarnos
y la voz en martillo
enredada en el óxido
de tanto beso a medias
de tanto coito interrumpido
mientras la luz atenúa el ciclo de nuestra predilección
antes de azotarnos el vendaval 
caernos rodando entre el tumulto 
mientras nos juzga la poesía
nos juzga la vida
nos juzga el tiempo
que es el tiempo que nos queda
y que no les queda 
a aquellos que saben deshacer la frase
para entramar el poema 
despertar el alma 
dorar el suplicio
para que parezca todo 
algo más irreal.

El cuerpo que nos queda
vestido de amarillo
de dudoso proceder
es la única antorcha
en el atardecer vacío
donde respiran pesados los perros
en el jardín hecho de sangre
donde no estás
meciéndote 
el pensar...
y la duda
y el extasío
de sobreponerse 
desde este lado del mundo
pensarse en el recodo 
pensarte en el autismo
hacerse pequeño 
para caer hecho semilla
en el resorte de cualquiera
mientras toda la ausencia
no se puede proteger
de nuestra suerte.

Este amarillo
esa mutación de las imágenes
esa suma de todos los entreactos
este pacer 
esta paciencia hecha pared
pequeño espacio especulativo
donde he descubierto tantas cosas
si estuvieras conmigo
si existiera algo menos solitario
que estar contigo
quizás
una suerte 
para este eremita
que se ha vencido 
en el curso de su historia.

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Ferran Garrigues Insa