miércoles, 25 de septiembre de 2013

El festín de la academia



Te seduce la forma de un discurso protegido por la letra
te empala, no te seduce, te empala
el gustoso transitar de verbos y desinencias
correctas
pulcras
síntoma de un pretencioso aprendizaje
te excita
la soberbia voz de los dioses
te cautiva 
el matemático suspiro de los hombres.

Yo en la quietud, observo manso, como cordero degollado
espero, absorto, un punto donde decir
más allá de todas las comunes peripecias
no puedo sobresalir más
ni profesar algo digno
y me abstrae
se simula un juego 
detrás de todas las máscaras
sueñan su propio delirio
las voces proclamas de suficientes memorias.

Algo me calcina, 
es la eternidad como una gran marea
donde todo se desvae.

Entiendo un ritmo
dentro de este pensamiento ensimismado
entiendo la red donde todo se teje
pido un minuto de su espera
para que contrasten todas sus teorías
y me den una respuesta coherente
dentro del gran pasatiempo
donde hemos venido a involucrarnos.

Yo, otra vez, vuelvo sobre mi ombligo
vosotros, a su vez, volvéis sobre el vuestro
somos un coro de personas que se mienten
sin mirarse a los ojos
mirándose a los labios
tendiendo una espiral en el entrecejo de sus víctimas.

Un algo elíptico sucede en vuestro ritual suicidio
que se queda para permanecer
en los pupitres amontonados, bancos de piedra,
círculos concéntricos de presencias alrededor de un fuego.

Un algo inmaterial que se nombra en el no decir
una verdad futura que rompe el esquema humano
un pequeño traspiés en la voluntad de aprehender
el último signo donde nada permanece.

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Ferran Garrigues Insa

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