domingo, 8 de septiembre de 2013

El tránsito.



When I love you does not mean love.

Cuando decir el estado del alma
como una necesidad imperiosa de alejarse
no falta al amor ni a su juego
ni a su dudosa procedencia
cuando tocar es síntoma de dolor
y esconderse en los abrazos es síntoma de miedo
se da el momento de la verdad.

Cuando con la mirada limpia
el corazón desgarrado
uno te pide el espacio definitivo
el punto muerto
la inflexión del tiempo
debajo de la piel
como un necesario reducto
para salvar cada pedazo de óxido
de esta contención cargada de desastre.

Cuando la sangre se agolpa
y la sien estalla casi, casi como un estruendo
atronador golpe a plomo, desahucio del sentir
de esa muerte contenida en tantos perímetros
en el atisbo de todo futuro cercano
de toda realidad posible.

Cuando pasa la vivencia como un eco repetido
y sabes que llegaste y sabes que te has ido muchas veces.

¿Cómo consumirse entonces
la lengua espiral convertida en tornillo
en afilado catéter bajo las medias tintas?

¿Cómo romper el estado de vulgar hipocondría
de amores que no cuajan, de relaciones que se pierden
entrelazadas entre guiños, sensacionales risas
repletas de vivir y vivirse al límite?

¿Cómo explicar, o siquiera convencer
al amante emitido como vendible holocausto
cuyo hueco es solo espacio tragador de amor
ofertador de todos los dulces regalos de la carne?

¿Cómo decirle que la oportunidad ya ha sido
y que todo lo posible ha tenido lugar
inevitablemente como un prolongado morirse
hecho de tantas caricias como verdad
hasta este punto de inflexión insoportable?

Solo se me ocurrió bailarle, una danza primitiva
sobre el último espacio inalcanzable de ambos mundos
sonreír con toda la tensión de los labios, extenuando la mandíbula
correr en círculos, saltar, alborotar, recordarle la vida
rememorar todos los gozos, todas las pequeñas mentiras
las impregnadas metáforas donde juntos

donde juntos desapareceremos
de todas las memorias posteriores
y de todos los presentes sin constancia.

Bajo la condescendiente mirada de los buitres
donde nadie puede salvarse
salvo nosotros mismos.


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Ferran Garrigues Insa

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