viernes, 11 de octubre de 2013

Ella, duda.



Ella se pregunta
por qué ya no sonríe
con la inocente alegría
del que recibe un regalo inesperado.

Ella se justifica
en el trabajo
en la falta de tiempo
en que ahora los niños
la compra
planchar
pasar la aspiradora
e incluso en el perro.

Ella tiende a esperar un futuro que no llega
ella busca hacer más, tener más cosas
para disfrutar del espacio que queda
detrás de todas sus apretadas agendas
en algún que otro papelito 

donde apunta 
lo verdaderamente importante que puede hacer hoy
qué, normal, queda olvidado en algún pliegue inalcanzable
en algún bolsillo oculto
que jamás recuerda.

Ella, que se aburre y tienta la suerte
en una continuidad de mentiras
en la correcta pasión del que se siente perdido.

Ella se pregunta
si ha hecho lo correcto
si el mundo es tal como parece
pero duda, duda un instante
y se desmorona
se pierde en la marea de rostros arrastrados por las calles.

Ella intenta emular, la felicidad que ha visto
casi tocado
en el rostro del de enfrente
y positivamente hace un gran esfuerzo
por romper su cotidianidad.

Ella, ella, ella
ante mí
delante
me observa pensativa
sin entender una pizca de lo que está pasando
pero sé
puedo leer en su inquisitivo mirar
que envidia una parte que no alcanza todavía.

Una parte serena
una parte que no puede suceder
una parte integral
solo capaz de reproducirse tras un largo aprendizaje.

Ella se pregunta
si yo
si él
si la sombra que imagina enfrentándola
tiene la clave para sacarla de su encierro
apartarla de su ficción
pero al verle salir
sabe que ya ha perdido toda esperanza de redimirse.

Mientras, esta historia se repite
a lo largo 
de toda una vida entregada a los vagones.

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Ferran Garrigues Insa

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