jueves, 28 de noviembre de 2013

La noche del silbido.


No habrá palabras.
Ni electrificadas metáforas.

El cuerpo del último hombre 
catapultado a la miseria.

La única arma.

Todo formándose en la inmediatez 
y en la ausencia del desprevenido.

No habrá lugar donde esconderse.
Ni camas de hospital suficientes.

Correrán los hombres hacia lo salvaje.
Se esconderán algunos, cuando todo se derrame.

El cadáver del postrer ser humano 
avanzando hacia el silencio.

Un afilado esmeril.

Una última contienda.

Habrá de usarse, 
para cercenar las partes cancerígenas, 
cualquier cosa.

Entre tanto entreteniéndose pasarán los egos.

Bajo la capa final donde el ocaso.

Yo sonreiré, quizás mirando hacia el espejo del horizonte.

Temeremos desaparecer, aunque ya lo hayamos hecho.

Solo el silbido constante penetrando en los oídos.

El silbido solo.

Constante.

Penetrando.

En los oídos.

Y nada más, más allá del cieno
donde el ayer será el único mañana.

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Ferran Garrigues Insa

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