martes, 21 de enero de 2014

Le grand adulateur.



Decidme si recordáis 
un tacto viscoso
de apéndice
detrás en la nuca
como fría llovizna
helado raspar de piedra
limbo de caricia
degüello fino escalpel
apenas roce
apenas voz
y sin duda cargado con caustica intención.

Decidme si no habéis tenido suficiente
posada intención cascabel
labio de sombría decadencia
edulcoradamanifestacióndeprotocolos
decidme si me equivoco un tanto
al proponeros una tregua
donde las lenguas cercenadas en almíbar
se puedan ofrendar al dios de los lemures
y podamos bailar desnudos 
donde la mancha volátil
de sus indignas pretensiones.

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Ferran Garrigues Insa

domingo, 19 de enero de 2014

Te habrán dicho.



Yo soy, te habrán dicho
de esa gente mala
que sabe en cada momento 
como rescatarte una sonrisa.

Yo soy, y te lo habrán dicho hasta saciarte
de la peor de las calañas
uno de esos que te huelen antes de devolverte la mirada
maquiavélico hasta la médula
poco de fiar por la barba
o por esa edad indefinible 
que augura una partida de nacimiento malentendida.

Te dirán algunos que te remita mi currículo
antes de tener algún contacto conmigo
o que te haga llegar una carta de recomendación 
de algún obispo
para ver si soy digno de que entres en mi casa
te harán acompañar de un catador de venenos
y cada vez que te ofrezca un trago
él será el primero en desvirgar tu copa
cualquier cosa que te dé para que comas
será mordida antes por su afinado diente
y pasará por escrito un apunte o esquema
de cada una de mis acciones para contigo.

Taquigrafiará hasta el número de ronquidos de mi siesta
y hará una gráfica que me relacione directamente
con la primera raíz 
del árbol genealógico 
del primer ángel caído
y después con las serpientes.

Pondrá en antecedentes 
a la totalidad de amigos y conocidos
incluso a la gente que se cruzará contigo
en los próximos diez años
no se dejará a uno solo por decirle
quién fui yo o qué cosas hacía
aunque a la gran mayoría de ellos
les importe un rábano cómo me llamaban.

Se te cansarán los tímpanos
porque no pararán hasta ensordecerte
y solo puedas vivir con la memoria rellena
de aquellas últimas frases que te perforaron los oídos
(al menos en ellas te hablaban de mí)
no sé, en fin, si era bueno o malo
seguramente todo su valor residía en una sola cosa
en un ámbito que ellos no comprendieron
-yo, estuve presente en tu historia-
de un modo u otro
de esta o aquella manera
y eso, atiéndeme, es lo que fue importante.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 15 de enero de 2014

Des Orden.



Soy un poco despistado
anduve por la vida, desprovisto de alambres
pequeño dios 
recién parido siempre 
con algo de retraso
como una emisión en diferido 
de tele digital de tres al cuarto
ese era.

A veces
la sincronía era buena
llegaban bien las ondas
cruzaban lugares insólitos
conversaban con la suerte
casi se daban de la mano
y todo sonaba en su preciso tempo
pero eso sucedía poco.

No era común
verme trotar
o sonreír 
no era común
verme
pasé esos "mejores años"
entre estanterías y sábanas de flores
hojas de tebeos con fuerte olor a orín
robados a un amigo muerto con demasiados gatos.

Dije que era despistado, no, dije que lo soy
lo sigo siendo
no me escondo ya
tengo una larga memoria de rostros sin nombre
y de todos los detalles sumados 
de cada uno de los rostros
tengo un residuo 
de cada desaparecido
bajo la socavada pupila
que no desea solo dormir.

E
n
o
r
m
e
mente despistado.

Hasta para decir
recordar 
quienes estuvieron allí
cuándo fue el mejor momento para amar
donde tuve que satisfaceros para llegar al éxito
en que lugar el camino
se bifurcó hasta llevarme tan lejos del primer juego
donde el origen sigue intacto
y todavía la memoria me salva
indistintamente de mis adolescencias.

Lo intenté: dejar de ser un absoluto despiste.

Hasta darme cuenta que a veces también en esto fallo
y encuentro el orden natural de las cosas precisas
como el que enhebra a la primera la aguja
de una madre escasa de vista
y lo celebra como un triunfo
antes de descubrir cuanto de infinito
hay en ese gesto
en esa breve relación.

Ahora, sigo 
dejándome mecer en brazos ajenos
hurgando las pieles de ausentadas amantes
que olvido y recuerdo casi a la vez
tremendamente despistado
mientras sonrío 

que estoy vivo
gracias a esto
y que la muerte llegará con esta misma premisa
al olvidar el fuego, dejar la estufa encendida
prender una vela
en el momento más romántico contigo
no sé
es sagrada esta efervescencia
de no saberse pasado nunca
y vararse en el siguiente después
donde todavía 
cabe resistir.

Donde, en tanto, sin ser
y sin saber que nada sea
sigo esquivando
todos los desastres de mi proyecto
promesa de un destino convaleciente
que intenté resolver
dentro del caótico pretexto
de todas las circunstancias.

Valiente y noble: memo.

Eso soy yo
varado
en mi destiempo, todavía
esperando el augur.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 13 de enero de 2014

Paz concreta.


Dices que soy lo áspero, dolor, molestia, espasmo... 

No. No vas desencaminada. 

Soy duro. Piedra. Amargor. Violencia. 

Es por esto que cuando asoma la sonrisa, 
te ciega como agujero de nube- claraboya de tormenta, 
cuando la mano acaricia 
porque así lo decide 
el mundo termina 
y la piel explica todo lo posible. 

Es por esto 
que me guardo los besos 
detrás del labio mordido, 
para que el veneno se retenga 
y no penetre más allá, 
dejando huecos insoportables 
en su retirada. 

Dices qué soy. 

Pero no soy sino lo que tu eres. 

Devuelvo el exceso con exceso,
para superar tus ambiciones 
desproporcionadas de dominio. 

Y el corte es certero. 

Me crié entre bisturíes, 
sondas vesicales 
camas donde la muerte y la risa 
se tomaban de la mano. 

Me crié en el saber concreto de los tiempos, 
el ritmo, las desapariciones. 

No me digas quién soy. 

No te atrevas 
mientras no sepas siquiera 
saberte lejos de escupitajo y vitriolo 
construidos como roce. 

Venganza de versos. 

Tránsito de todos los ataques. 

Yo soy el fin de la batalla
en el principio de todos tus extremos. 

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Ferran Garrigues Insa

viernes, 10 de enero de 2014

La rotura.



Siempre te rompes.

No sé como lo haces
de qué manera te arreglas
o que materiales defectuosos usas
para que todo salga mal en algún momento
en tu apariencia de poderosa porcelana
en tu voluntad intransigente por mantenerte unido
en tu esperanza vacua
que te hace alcanzar la espera
como un abatido reloj sin batería
al que casi atrapa el tiempo
en la cojera de la aguja que marca renqueante los segundos.

Acabas recomponiéndote como puedes
casi a duras penas
y poco menos te conviertes
en puro profesional no titulado
de estos arreglos en los desgarrones.

Costurera explotada en la industria del amor
reparando corazones como quien repara cazadoras
o dedica su vida a limpiar concienzudamente
objetos abandonados
que merecen la atención
tras los cristales
de algún museo que ya nadie visita.

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Ferran Garrigues Insa

La exquisita.


Ella no tiene medida
ella- paladar
ella- insaciable
ella, como es vulgarmente conocida
es ejemplo de muchas vivencias
es calco, quizás exacto
de una sección humana
por la que obtiene el nombre.

La exquisita no saborea, conoce
sabe siempre de antemano 
por mucho que te esfuerces en complacerla.

La exquisita no es un hombre
ella ha vivido mucho
pero siempre al margen de estos ignorantes.

Nadie la ve comer
para ella este acto ceremonial 
tiene mucho de masturbatorio
y en consecuencia 
de solitario.

La exquisita se relame los dedos
en el fondo
como cualquiera
le gusta sobre todo el chocolate.

Pero esto es secreto
la exquisita no habla
nunca comenta estas cosas sencillas.

Desde su piel hacia el extrarradio
solo emite ecos
de lo que es fácil y conocido
pero lo tergiversa de muchas formas
para dar una apariencia
que ni ella misma se cree.

La exquisita es capaz de comer grano
y hablar maravillas de su consistencia
llenándose la boca
convirtiéndolo en un alimento indispensable
en la mesa de todo gourmet
por el contrario
puede vulgarizar de tal manera una delicia
que nadie, avergonzado
sea siquiera capaz de tragársela
para después ella, a escondidas
hartarse hasta reventar en su oculta bulimia.

Nunca he sabido bien
porqué actúa de tal manera
o sí alguna vez
algo fue de su total agrado
pues ella sigue ahí
enterrada en alguna parte de nosotros
y todavía habrá alguna oportunidad de preguntarle.

¡Buscad un espejo!

Ya que ella solo es capaz de hablar consigo misma.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 9 de enero de 2014

Negación tras negación.

No hay peor astilla para el amor
que la continua amenaza de saberse abandonado
de saber qué se pierde
sin saber qué se gana.

Algunas de las cosas que aprendí
en esta vida 
fueron las siguientes:

A llamar a las cosas por su nombre.
A no forcejear el amor.
A no joder a nadie.

Incumples todas ellas.

No.

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Ferran Garrigues Insa




lunes, 6 de enero de 2014

Cosas y casos. Juegos y entretenimientos de alguien que te busca.



Pasan sencillas, las horas bajas cual las altas
como un manojo de minutos, polvareda de segundos
y se apaga un ojo antes que el otro
mientras el tiempo de la noche se hace
forma la figura de luz negra de una fotografía
que no se sabe si llega o se está marchando.

Entonces se dibuja clara la imagen de un puente de luz
donde dos gatos negros sobreviven 
ausentes a los que pasean cogidos de la mano
donde el esqueleto de una mantis 
se observa casi como un tesoro
allí, él se detiene, mira la encrucijada
deja que ella desaparezca, se pierda 
en su camino de vuelta a casa
y él camina perdido 
en algún pensamiento que no compartirá nunca
fija su atención en cosas estúpidas 
y pasa por el lugar de la fuente
mira el agua oscura donde se reflejan las farolas
y sabe que el alma de alguien que amó 
todavía flota en las bocas de los peces.

Demasiada arena caída en los relojes
demasiada carne tocada sin encontrar 
demasiados ojos mirados, vacíos en su respuesta
demasiados labios 
demasiadas buenas intenciones desprevenidas.

Ahora le queda el sonido de los pasos en los escalones
mirar una imagen helada y borrosa en la pantalla
donde sabe esperar la muerte ingrávida de la ausencia
tecleando palabras 
que tal vez nadie comprenda ni recuerde.

Llegar hasta la cama buscando
aunque esto forme parte de los clichés insoportables
un perfume que degusta en sueños
dibuja un cuerpo, unos ojos, unas manos suaves 
un espasmo en el centro del pecho cuando el beso sucede
ahora, vívido como antes
cuando se adormece presa de este encuentro que perdura
en los rincones de la casa
en los pliegues de los sillones
donde se han hecho el amor
donde se han perdido entre besos 
que parecen no querer acabarse.

Qué lejos - que cerca
toda esta resistencia por no despertar
toda esta imposible lucha por mantenerse despierto
mientras se sabe que tal vez todo sea un juego 
una ilusión de cosas y casos
de gente que camina 
de gente que se encuentra
de gente que se miente.

Desear entonces, cuando este pensamiento triste 
cruza como un soplo frío la frente arrugando el ceño.

Desear que por lo menos no duela 
no duela más que cualquier otro amor.

Que no se manche de cosas tristes como esta.

Que dé lugar a un tiempo de paz y sosiego.

Donde el viento resuene amable 
en las noches sin nostalgia.

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Ferran Garrigues Insa

Yo, enfrentándote.



Yo, que evadí la muerte
en tu ojo perpetuo
y crucé el horizonte a nado
sumergido en tu pupila.

Yo, que buceé la sangre
forcé la noche
escapé de la jaula
volé sobre el escarpado retoño de tu vientre.

Yo,que fracturé la hondura
para comer el mineral espléndido 
la veta de oro 
migrada de tu entraña.

Yo, que caí hasta la base de las montañas
socavé tu oído con palabras sin ternura
y convencí al gusano para que excavara para mí
más veloz y más profundamente.

Yo, que siempre retorno cerca de tus señales
que bajo la travestida apariencia de un becerro
me oculto la faz y el sexo
y bailo la noche entera bajo tu ventana.

Yo, amor, soy yo
quien te observa disfrazado 
bajo los trajes multiplicados en los espejos
tras el vidrio sin salida que cruza veloz las calles
soy yo, todavía yo sucediendo.

Yo, que he hilvanado frases sin futuro
enredado piezas de metal en tu cabello
mordido la entrepierna salvaje de las hienas
para descubrir cuanto amor resuena en su aullido.

Yo, amor, yo mismo
en este cuerpo de siempre
en este cuerpo de ayer
que es el cuerpo tocado tantas veces
que parece desdibujarse en el contorno 
y no ir más allá que un halo de espejismos.

Yo, yo, todavía existo
un segundo más en la hilera de cadáveres
todavía yo, todavía sin morir
escupiendo los nombres del cáncer de todos los amantes
mordiéndome la lengua
horadando el bazo
haciéndome hueco para un corazón que lata 
no como éste que ya no tararea 
el ritmo inmediato de una simple partitura
no como éste, que ya no parece moverme
no parece el mismo
a diferencia de mi
que todavía intento existir
un minuto más
un segundo más tarde
para perpetuarme en tu intención
en tu último contacto
en la mirada última
en el adiós
en el todavía luego
ahora
ahora
yo amor, yo, soy yo todavía.

En este espasmo que me permanece.

Antes todavía antes 
de caer en tu olvido 
en el ansia insatisfecha de no volver a desearme.

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Ferran Garrigues Insa

Ella conoce.



Ella sabe
conoce
huele
saborea
ella destila el juego del desconocerse
y se desviste sorprendida
y siente que se pierde
pero no se pierde
nunca se pierde
ella se recorre
juega al juego de la muerte en las esquinas
y mira de soslayo el camino
se funde en el juego
en su propio universo de sensación y tumulto
y mira por el pequeño fondo 
de los agujeros negros que asolan la tierra
descubre en ello
en esa pausa que se toma para mirar
un anverso oculto antes
un espacio inicial
un punto
y fantasea la maravilla
en cada una de sus multitudes
en cada uno de los espacios
donde todo parece repetirse.

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Ferran Garrigues Insa

sábado, 4 de enero de 2014

Lo mires por donde lo mires.



Dejé el ojo pegado en esa esquina
esperando que volvieras
que por esta vez dieras la vuelta
andaras directa hacia mi
y por hoy, por hoy tan solo
no dudaras en elegirme.

Dejé algo más que la mirada
encrucijada en ese borde
en ese punto de obligado cambio de dirección
o al menos de duda, como sucede siempre
que uno desea llegar a alguna parte
y se abren las opciones en terreno desconocido.

Dejé que pasaran demasiadas cosas entre nosotros
paridores de huecos cercanos al desgarro
contagiadores de un enfermizo amor
convaleciente
contraindicado
tan relativo.

Y creo que me hice el loco unas cuantas veces
mientras pasaba tu esquina
y esperaba encontrarte
hasta que dije:

-¡Bah, la vida!

Y recogí mi ojo
todos mis delirios
para seguir caminando
con estos restos de mi pululando en los bolsillos

donde alguna vez, también, guardé partes de ti.

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Ferran Garrigues Insa

Quiero lo propio.



No me toques
solo quiero el peligro de tu amor venido a menos
no me asaltes
solo quiero el retumbo de algunas palabras inalcanzables
no me empujes
no me arrastres
no me invoques
ni me imperes
ni me lances
no me arrulles
ni me franquees
no me entiendas
no me amargues
no me acaricies
no me provoques
ni me mires
ni me ansíes
ni me convenzas.

Pues solo quiero de ti
algo de mí mismo.

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Ferran Garrigues Insa


Autonomía de las partes: Sexo.



Ella y su sexo
eran dos cosas distintas
no nos costó mucho darnos cuenta
pues sucedía en momentos cotidianos.

Cuando ella se iba a casa
su sexo quedaba siempre
pegado a las sillas de los bares
a las barras de las discotecas.

Su sexo tenía la curiosa habilidad
de quedarse aferrado a ceñidos pantalones
a copas de vino
y al humo escapado de muchas bocas.

Ella dormía casi siempre lejos de su sexo
pues este tomó la costumbre
de salir volando por cualquier rendija
y perderse en el matasellos de ningún destinatario.

A su sexo le gustaban los ámbitos diversos
donde se crecía y alimentaba
crecía y se alimentaba
y crecía y crecía y crecía más.

De querer investigarlo
uno debía buscar en oscuros callejones
dentro de vehículos varados en la cuneta
encima de un banco apartado
en un parque igualmente apartado
de ningún lugar concreto
y fugaz, de pasada
en todos los servicios
los cambiadores de ropa
teleféricos
cabinas de navegación
y en algún que otro armario
cabinas de teléfonos
maleteros espaciosos
pajares
caminos de montaña
y otras zonas improbables
donde jamás imaginó buscar.

Creímos verlo por lo habitual
cogido de la mano de algún hombre también perdido
recorriendo las calles
lamiendo aldabas
intentando que los interfonos
le atendieran abriéndole las puertas
con su discurso de silencios
para quién sabe si volver a casa
o encerrarse un poco más
en el tumulto de curvadas callejuelas
hambrientas de jóvenes hímenes suculentos
aun por descubrir.

Llegamos a confundirle
con feroces gatos negros
cargados de preguntas
acerca de la superviviente soledad
también, tras muchas noches
lo encontramos durmiendo en papeleras
junto a pieles de plátano
cáscaras de limón
entre los restos devorados
de algo parecido a la carne
incluso le vieron pidiendo limosna
a la salida del metro
bajo los asientos de los cines
en garajes, aparcamientos
o cualquier otro hueco
en que no fue exhaustiva nuestra búsqueda.

A veces ella lo echa de menos
pero esto le sucede ahora
desde no hace mucho tiempo
porque quizás algo ha cambiado
y está recuperando la importancia
de verse entera de algún modo
de alguna manera que aun no comprende
saber, que hoy cuando comiencen los sueños
nada le va a faltar
para afrontarlos.


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Ferran Garrigues Insa

viernes, 3 de enero de 2014

Morning glory.



Levantarse de la cama
firmar tu nombre
datos
excusas
mirar las imágenes
de cada uno de mis aparatos conectados a la red
ver
sus rostros como abotargados mimos decadentes
impidiéndose envejecer
ver las felicitaciones navideñas
estallar en los dedos
como segundos de vívida muerte
saborear el miedo
que suspendido en la calle
rezuma en los ojos de los niños- padres
mientras miran a los niños- hijos
ellos lo tienen en cuenta
tomar conciencia no conoce tiempos
ni esperas conoce
sucede
un día al arrancar la sábana del cuerpo
extremadamente dormido
al preferir el frío
a la comodidad
cuando todo lo que miras
es objeto de una crítica voraz
y tu deseo de transformar el mundo
no ha disminuido en lo más mínimo
te levantas y paseas en círculos
en el abismo convaleciente
de tu hogar
hasta que vuelves a sentarte
demasiada inspiración
y poca transpiración
es el momento
pero afuera aguarda el invierno
que a todos nos vence
mejor felicitar el año
con la misma metódica
sensación mecánica
de pensar que las épocas terminan o comienzan
con un número
para justificar en carpetas asociadas
todos los documentos adscritos
al pasado que nadie modifica
desde cada día
en que no entendemos la marea
donde el desastre.

Buenos días mundo.

Sonríe.

Queda todo por hacer.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 2 de enero de 2014

Autoestima del sibarita.



Es él, quien se mira al ombligo sin pretexto.

Él, que vive de recuerdos 
en un pozo lleno de galletas de la suerte.

Él, que sueña a oscuras 
el tiempo que se queda aun pegado en los relojes.

Él, que se llena la tripa con todas las voces 
y aun no engorda de tanto que ha escuchado.

Él, que desnuda todos los sueños 
para pigmentarse con su tuétano.

Él, que arranca el corazón a las flores 
para que dejen de sufrir en los jarrones.

Él, que acaricia el aire 
con tal de no inmiscuirse en ningún cuerpo.

Él, que abarca todo lo que nadie abarca 
y se pone a bailar y a cantar sobre la muerte.

Él, que se nutre y se crece 
de estas cosas que a nadie le importan demasiado.

Él, que coloca en su palma los insectos moribundos 
y les habla como si pudieran escucharle.

Él, que resume las faltas graves de los hombres en tres: 
no comer, no dormir, no fracasarse.

Él, que no duda ante la vida 
porque no entiende la vida y no le queda otra que vivir.

Él, que tiene un gran apetito por lo que no puede decirse, 
por las frases que no suenan.

Él, que sufre delirios de grandeza 
en su privada costumbre de estar enamorado.

Él, que cuenta las caricias guardadas en tarros de cristal 
y a veces, pocas, las destapa para que se aireen.

Él, que suda pensando 
todas las maneras en las que puede atiborrarse de cariño.

Él, que pliega a las personas y las esconde,
hambrientamente equivocado, entre sus "michelines".

Él, que piensa que: los recuerdos, el tiempo, las voces, los sueños,
las flores, el aire, lo que nadie abarca,
las cosas, los insectos, las faltas, la vida, 
el gran apetito, los delirios de grandeza,
las caricias, el cariño, las personas, 
forman parte de un todo que solo es propio de sí mismo.

Él, que solo sabe mirarse hacia adentro 
seguramente nunca se dará cuenta de lo que sucede.

Él, que apenas conoce nada, 
salvando cada una de sus honduras y valles.

Él, que se irá extinguiendo 
amoroso siempre con sus formas rellenas.

Él, que sin saberlo es cómodo 
y ha sido buena guarida para cualquiera.

Él, que ya está siendo pasado, grandeza, 
historia digna de ser contada.

Él, que se asume sin contraindicación alguna, 
porque no puede ser de otra manera.

Él, que ha sido tan él, que no puede hablarse de otra cosa 
que no sea de él en los rincones.

Él, que no ha sabido cumplirse nada, 
ni proponerse, ni tener alguna meta.

Él, que solo ha sido ser, sencillamente 
en esta característica pretensión de estarse.

Él, que ha vuelto a dormirse como siempre 
en sus paradisíacas estaciones.


Es él, quien se mira al ombligo con nostalgia.

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Ferran Garrigues Insa