viernes, 28 de febrero de 2014

Reflejos del objeto hombre.



En su rutina el objeto hombre
toma el relevo de su imagen que le mira
y se cuelga a los lados del cristal o espejo
que traga toda la carne
mientras su imagen descansa sudorosa
cansada de autocontemplación
a los lados, donde la nada.

El látigo de la presencia
invoca al cuerpo frente al espejo
mudan las tornas
vuelve el oficio de mirarse
acaba el sueño de las dualidades
se apaga la luz
por hoy todo ha terminado
otra de las muertes
no se sabe exactamente 
de cual de los dos
que se están mirando.

La luz de siempre
el ojo de siempre
y la palidez inmóvil de cada momento
la mano que señala lo habitual
el cuerpo cansado de tocarse
el cuerpo señalado
que contiene todas las señales
todas las marcas
surcos de caricias
dolores entremezclados en los surcos
por ser todo una reiteración de lo mismo
a un lado del reflejo, una silla
un asiento confortable
y un gotero
donde se reposa
la imagen
así moribunda
de tanto desgaste.

OH ni siquiera usa maquillaje
se ama demasiado
no puede siquiera evitar
que su decrepitud tenga lugar en este aparte
hoy se tocará menos
piensa que así se salvará otro día
de caer en el desamor
de mirar a un desconocido.

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Ferran Garrigues Insa

El (fallido) intento de metamorfosis del objeto hombre.



El objeto hombre quiere realizarse
llegado este momento empuja su crisálida
patalea desde dentro
se ahoga en sus fluídos
muerde su coraza
clavando dientes, uñas y sexo erecto
penetra hasta la capa más dura
hasta el lugar impenetrable
donde nada se permea
donde un casi plástico opaco
no permite más prolongaciones.

El objeto hombre deforma su molde
lo llega a forzar hasta límites insospechados
(quién lo diría, el OH embarcado en una dificultosa metamorfosis)
envuelve en seda todas las heridas interiores
y después de esta rebeldía
descubre algún trozo de espejo en su estancia
y se reduce cada parte
y se lanza besos a estos recortes refractados
y ya se pierde de nuevo en su espiral
que tanto tiene de céntrica y ególatra
pero siempre comprendida
como algo inevitable.

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Ferran Garrigues Insa

Perdido en la ciudad.



He caminado la noche
sentido la mirada tuerta de un gato oculto
orinado las calles donde todos orinan
he tocado las aceras viejas
los bancos de madera acartonada
el acero de las cadenas que rodean cada estatua
y alguna que otra vez he aprendido
que este pasajero de lo extraño
(al que ignoro en los charcos)
no es más que un consentido
que nunca encontró nada más allá
porque jamás decidió buscar algo
entre toda aquella profundidad bidimensional
que inundaba los oídos
en aquellas ciudades
en cada población donde las personas.

Donde seres de piedra se anidan
cada mano es solo una garra hecha de dientes
las cosas se perciben 

según orden directa de algún manuscrito
y los viejos andan encorvados 
recortando su espacio con esfuerzo.

Es aquí donde dirijo rápidamente 
la mirada hacia ningún lugar
me evado perdiéndome 
en el martirio de ver continuidades
de parafrasear a grandes suposiciones humanas 
extinguidas en los libros
descubrirme finalmente 
exhausto de tanta inapetente realidad.

Volverme mártir 
de alguna religión no formada todavía
o caer, como se cae lo inflamado 
cuando nada lo intoxica
o buscarse en la desnudez 
de los soportales intactos
mientras las palomas retozan 
ausentes a esta orfandad.

Tropezar con las fuentes 

encontrar sirenas contando en el fondo las monedas
verlas guarecerse en cloacas, cargadas de tintineos 
escuchando cuando pasas cerca 
todos los ofrecimientos posibles de la carne
salir huyendo, correr hacia otro callejón oscuro 
esperando allí la salvación.

Rodearse de manos, de pies que preguntan 
de labios confundidos por el hambre del amor
inundarse de sentidos que no se reconocen nunca
infestados de novedosos cánceres
cuando puedes tal vez zafarte 
de toda esta compaña que reluce en los deslunados
y mira con ojos saltones 
desde las callejas sin salida
esperando que ocurra
siempre, tu equivocación.

Cuando parece que ser libre sucede de repente 
en una plaza abierta, abarrotada de ciegos
que buscan al calor de las farolas 
un atisbo de salida o de esperanza
y se golpean, se tuercen los cuellos 
las muecas y se atizan
con bastones gastados de plegarias
y juntos elevan cantos 
repletos de júbilo 
en simbólica desesperación.

Cuando ya te ves escapar, correteando 
como algún tierno animal exótico
por este espacio estrecho 
a rebosar de cazadores 
que se clavan las culatas
se aturden a codazos 
para poder apuntar su arma 
exorcizar su desidia
en el único cuerpo que anda
en el único cuerpo 
que se realiza en el descenso
en la pérdida.

Todo resta detenido 
mientras resuena todavía 
un eco sometido de mínimos pasos
en su rapidez agotadora 
recortada en los muros
en las formas aristadas de los edificios
apuntadas hacia arriba, apuntadas 
desde la raíz hacia la única fisura del aire
donde las nubes se funden 
en alabastrados rostros 
reflejo de lo sumergido.

Bajo esta manta plástica 
todo se reduce 
toma forma lo diminuto
bajo todo lo que se ahoga
y pierde la concentración 
en que debe fugarse.

Bajo el primero y el último de los responsables 
de que este laberinto nunca se destruya.

Sobre la causa final de cada encierro 
sobre esta tragedia 
agoto la mano del que escribe.

Donde residen 
en una pausada relación 
de agonía y muerte 
y sueño conceptual trabado
en el engaño trágico 
de las formas idealizadas de mortales
dioses y esclavizadas teorías
donde veo, último, un hombre solitario 
que parece dudar
como nunca
ante el cruce de caminos.

Y casi dejo escapar un gemido 
al reconocerme en parte
contenido en los pasos 
que optaron por detenerse.

Y dejo escapar un grito
al reconocerme 
en los pasos 
que ya se han detenido.

Náufrago eterno 

en el límite infinito 
de esta ciudad inabarcable.

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Ferran Garrigues Insa

Máquina III- La voz de OH.



El objeto hombre quiere hablar y reverbera
tiene la voz metálica, estridente
no está acostumbrado siquiera a oírse
y le molesta, le duele, le sangran los labios
el fondo de la oreja le vibra punzante
y todo le da vueltas
cuando a veces le asalta esta necesidad
de ver si todavía le funcionan
los canales básicos para rescatarse
alguna vez, por si le asalta el olvido
la buena muerte de los reflejos
y se queda tieso, firme en el espejo, en la mirada
y no puede volver a masturbarse
manos y pies en rictus
mirada cuajada de impulsos
temblando, tiritando la vida
en sus espasmos de animal herido
de triste utilitario resorte
que no atiende jamás a otra cosa
que no sea su propiedad
asumida como realización de las pulsiones
confundidas en caricias.

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Ferran Garrigues Insa

Déjà vu.



Escribo
recuperando la memoria
hacia adelante
como haz de luz
en la noche
que todo se repite
siento que me ceden ventaja
como si ya antes
manuscritas
las mismas memorias
en el símil ensayo
una y otra vez
desentrañando la clave
volviéndose epicentro
el mismo punto inicio
fueran reveladas.

Y os reconozco a todos
actores 
en el espectro 
de esta alucinación.

No sé como.

No me digáis porqué.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 27 de febrero de 2014

Máquina II- El automasturbador se reconoce en el espejo:



El objeto hombre ha perdido peso
se ha quedado caquéxico
anoréxico, aminorado
menos del menos todavía
se ha pasado un siglo tocándose
redibujándose en su propio ojo
el objeto hombre sabe perfectamente
quién es él mismo
nunca se sorprende al encontrar un espejo
solo se inunda de una cómoda cotidianidad
como el que acaricia perros por deporte
y nunca se da cuenta de cuando murieron
inanes, faltos de comida
mudos de ladrar pidiendo.

El objeto hombre se predica
se vende a si mismo en la soledad de la escalera
se habla cuando no hay nadie cerca
y se susurra en la mente
cuando cruza multitudes.

El objeto hombre retiene lo sencillo
minimiza el gasto de energía de sus gestos
porque le gustan ciertas poses neutras
en las que le es más fácil poseerse.

El objeto hombre 

(OH para los muy amigos
que le saludan de lejos y aprovechan
para saludar a otros en su ademán con la mano)
es un ser sin controversia
un ser apartado a conciencia
recluido en un espacio plano.

Sobre el objeto hombre no hay nada escrito
todo puede leerse en su silueta
todo puede mirarse descrito en su contraste
sin voz, sin comunicarse
el objeto hombre es claramente una pizarra
en la que ni siquera dibuja un niño ciego.


El objeto hombre ha empezado a devorarse
se va desgastando de sobarse, de lamerse
con el ojo violado por su ojo.

De alguna manera ha enfermado
llenándose de bocas y de estómagos amables
que le están digiriendo
mientras lo sepultan cuidadosamente
en alguna de sus privadas perversiones.

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Ferran Garrigues Insa

El oscuro pasajero.



Pasajero de mis tristes

navegas dentro de las gabardinas
en el ala de sombreros vengativos
escalando el forro de las perneras
aferrándote al cierre de los tejanos

pasajero de mis tristes

te envalentonas
mientras te extiendes
como furibunda maleza
causando el estrago de tu cáncer

pasajero de mis tristes

formas la nostalgia más irreductible
fermentas en la soledad de los apartamentos
devoras con la delicadeza de una mantis
en una continuidad que no puede resolverse
sin el latido crujiente de tus mandíbulas

pasajero de mis tristes

de cuanto te apoderaste y trasluciste en tierra yerma
como presentar el desierto en bandeja
mediante tus formas precisas de refracción
hoy callas bajo el velo de la frente invisible
pero sabes que sé que sabes, todo lo que silencias
nacerá algún día tu despojo, resultando en ámbito
donde ninguna habituación es posible

pasajero de mis tristes

eres, te gestas, en las esquinas del polvoriento olvido
junto a insectos y territorios invisibles, moras
desvistes todo el caleidoscopio de sus ojos
los apuntalas como nación y expandes sus fronteras
para que vengan hasta la carne pasiva
a darse el festin que ansías, pero del que no puedes saciarte

pasajero de mis tristes

sombra de pared de arrancado papel desconchado
trastero de lágrimas, cajón desastre de todos los errores
hijo de la duda y de la congoja y de la carcajada hecha desesperación
molde de los cuerpos desencajados yacientes en alcobas de hospital
detrás de las máquinas de oxígeno y los cuadernos de notas
llenos de anamnesis, repletos de indecentes resultados

pasajero de mis tristes, triste pasajero de toda la molienda.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 26 de febrero de 2014

Máquina- El automasturbador.



El objeto hombre se ama a sí mismo
el objeto hombre pasea su presencia
como el que saca al perro del vecino
el objeto hombre (al que reduciré a OH para lo próximo)
tiene en todo el cuerpo las marcas tatuadas
de todas sus huellas dactilares.

OH para los amigos
esa forma de botijo supuestamente bella
(cualquier comparación me sirve)
toma la idea de sí mismo desde el culmen del amor
del auto- amor como predije en un inicio


OH persevera siempre en esta actitud
fecunda fronteras y dibuja paraísos


OH (como todos alguna que otra vez)
siempre se tiene en cuenta
e incluso más, se tiene por encima de sus posibilidades.

OH quiere permanecer entre los otros
pero de alguna manera
pierde el hilo de los acontecimientos
se evade, desaparece
e incluso esto
le sorprende a él unicamente
cosa que le hace amarse mucho más (si cabe) todavía.

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Ferran Garrigues Insa

Yo tomé esta forma.



Yo nací del tuétano y la arcilla
hijo de algún Zeus destronado
fui lanzado desde el lugar más alto
y jamás se estrelló esta carne contra la piedra
fui evaporado
llevado hasta un salado banquete
me arrastraron bajo las suelas
los hombres de muchas civilizaciones
tuve algunos nombres que es mejor olvidar
y también fui amado
de muchas maneras, bajo infinitas apariencias
yo adquirí todos los dones
y suplanté todas las enfermedades
dándole la mano a cada signo de sufrimiento
yo extinguí los soles
en algún sistema solar que otro
y volé tan lejos como cualquier gaviota
pronuncié los dialectos
esas lenguas que nacieron un instante
antes de forzarse hasta el olvido
resumí todas las nostalgias
los grandes sentimientos y razones
el conocimiento también lo reduje
fui compendio de aquello no escrito
y también final de cada letra
sombra posterior de cada profecía
espejo de las almas
e instructor de cazadores
ciervo, a veces lobo
muchas más cosas de las que pueden ser predichas
y ninguna, en el fondo nada
propiamente lo ninguno
de cada expectativa.

Yo prejuzgué estas leyes
desde la primera hasta la definitiva
y me fui soñando esta epopeya
que desde una titilante luz se agota
hasta hacerme partícipe una vez más
de la totalidad
de cada una de las mutaciones.

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Ferran Garrigues Insa

Reciprocidad de los objetos.



La sombra común de la escalera
y la llave triste de la puerta
acompañan el último de los amaneceres
pero no así
no en tu imaginario inverso
sonríen, las cosas abren su boca
el ojo de la aguja
todo hueco presto a liberar la carcajada
para cuando ya no estés
poder llorar la holgura del silencio
el peso tibio del recuerdo
y retener en su forma todavía
el resuello de alguno de tus pasos
o las imágenes que a duras penas
han podido reflejar
en tu rápido tránsito
en tu familiaridad de uso
que os complementaba.


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Ferran Garrigues Insa

Ritmo de Hollywood, tsunami y muerte.



Sonido de pequeños elementos
tumulto de órganos de hombres
ruido de hueso
de aplastamiento
y luego humo
humareda
humedad
líquidos
una tromba de agua
arrastra la película
donde se dibuja un holocausto
trescientos, doscientos, cientoveinticuatro
fotogramas perdidos
de seres ahogados en la imagen
ya no forman parte
del juego ilusorio
de luces y sombras
alguno comenta
con su boca aterradora e inmóvil
una funcionalidad de la luz
una pequeña pincelada esperanzadora
una salvación en el film
para que nadie olvide.

Quemo la parte sobrante
lo que pude recuperar
y voy a poner flores en la tumba
de algún desconocido.

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Ferran Garrigues Insa

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Quiero mirarte.



Quiero mirarte
dislocarme el ojo
que se rompa el nervio óptico
mientras te estoy mirando.

Quiero, y con esto ya abarco muchas cosas
poder tender la mirada
como ropa húmeda en un cable
que la metáfora del sol
del viento incluso
sean la sombra de tu cuerpo.

Quiero, y con esto ya decido muchas cosas
poder desplegar el tacto
como se abre el cuerpo al alimento
que la síntesis de estas sensaciones
de su emoción al mismo tiempo
sea la horma de tu zapato
la piedra de toque en tu sendero.

Quiero mirarte hasta desgastarme
hasta que nada en mi pueda mirarte.

Quiero mirarte como se miran los luceros
en los cantares viejos.

Quiero mirarte mientras me quede un aliento
y esta pasión preferente
me mantenga despierto
para solo mirarte
y qué con solo eso
pueda decirse
en algún momento
que en esta vida
nací para solo mirarte
tejido gaseoso del rumor en los sueños.

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Ferran Garrigues Insa

Otro maniquí.



Me he prendado
sí, de esta manera cursi
casi infantil
de otro maniquí inalcanzable
en su pedestal de escaparate.

Me he dado cuenta tarde
cuando los abrazos quedaban convertidos
en una dureza fría y plástica
todo el amor abocado a un envoltorio
en un almacén sin calidez alguna
donde yazgo entre montañas de miembros apilados
esperando caricias que nunca llegarán
besos polícromos de hipnóticos brillos
o miradas de pasión estáticas, perdidas en un punto
donde se piensa que tal vez esté otro
otro que mira de la misma manera
con este modo frío de compartir emociones
y roba todo el sentimiento posible
que se evade del iris amado
por su cualidad cristalinamente pulida.

Darse cuenta de esta soledad
comprender en último término
que se es el único ser vivo o muerto
en un cementerio o en una carpa
llena de congéneres congelados
deconstruídos

como una multitud amontonada
sin el orden que confiere la carne.

Y empezar a sentir su muerte o su vida
invadiéndote poco a poco
como una hilera de procesionaria
cosquilleando cada nuevo milímetro de piel
en esta espera permanente
en esta elección que tomé
en algún momento de esta existencia
prendado en maniquíes
olvidando a los seres de verdadera tensión
en los que sí palpitan corazones:

Se convierte en la verdadera pérdida
el hito que inicia todos los descensos
aquí, en lo alto.

Sobre estas carcasas
yo me voy transformando también
en un acúmulo de polvo
en una helada pose digna de ser moldeada
cada vez que sea necesario
exponer alguna cosa
sobre un cuerpo desnudo
sin vergüenza y sin prejuicio
por el hueco que propone su presencia.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 25 de febrero de 2014

El hombre que soñaba pájaros.



Algo tuvo que cambiar
cuando hombre
cerró el ojo esa madrugada:
y todas las alas existidas y no
volaron unísonas dentro de su sueño.

Un sonido atronador
urdió sombras y escuadras
sacudidas en el aire
temblor en los cimientos
los huesos se quebraron
el tuétano licuado, rojo
exprimió todo su jugo
se virtió en las gargantas de las aves.

Él quedó hueco
una vez y otra
siempre soñando lo mismo:
pájaros graznantes
diminutos gaznates
pidiendo a gritos un día más
en forma de alimento
y él se dio
no pudo hacer más que esto
ofrecerse
volverse ofrenda viva
y seccionar su vida
arrancarla de su frente
e inyectar algo de luz
en el espíritu de las plumas
evitando 

que los cielos 
quedasen vacíos para siempre.

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Ferran Garrigues Insa

Niños.



Los niños se están pudriendo.

Lo vi en un dibujo
los niños ahí pudriéndose
lo vi en una fotografía
los niños gritando, los niños
lo vi en un televisor
los niños diezmados, ametrallados
lo vi en un parque cercano
los niños desnudos y deshilachados
lo vi en la puerta de casa
los niños azules de la vergüenza
lo vi a los pies de la cama
los niños zombies oliendo a vida, tendiendo las manos
lo vi en su piel cerca de la comisura de los labios
vi niños, ya no niños
niños en simulacro.

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Ferran Garrigues Insa

Sentido intacto.



Entre las cosas abatidas por el polvo
se resume una delicadeza precedente
un estar entre objetos residuales
a la zaga de penumbras y reductos.

Como tormento, pero sin carga dolorosa
entresijado en el hueso intacto, sólido
compuesto de referentes, de memoria
escuálido esqueleto sonriente y sabio
evade su mirada hacia la estatua rota
se pierde en el trenzado del tapiz
castañetea los dientes con alegría invulnerable
y se deja arrastrar por las comadrejas
hacia los túneles oscuros del conejo
donde encuentra un agusanado reposo
mientras canta con voz de pájaro extinguido
durante el suceso de la cosa tal que así
como en tantas otras ocasiones.

Es aquí, en este lugar irrecuperable
donde se navega con el alma tensa
oprimida entre mareas de tiempo invisible, cálido
la cuna de barrotes desgastados por la encía
el extraño recorrer de los pasillos
o quizás sus techos altos y claraboyas
las líneas difusas en los vértices
nido de seres invertidos que cuelgan sus ojos hacia abajo.

Tal vez no sea este el espacio
ni soplen los vientos de forma sosegada y plácida
mientras deambulan los pies blandos sobre el césped
o sobre la arena intermitente de un desierto momentáneo
o entre los eriales frondosos de una selva enhebrada
con total seguridad podemos afirmar 

que este no es el aroma
que no fundaremos ningún sueño en esta imagen
que nocturnamente se cuela en nuestra almohada
y vierte con suave voz de terciopelo
una falsa evocación de nuestro hábitat de infancia
donde primarían las formas inacabadas, escoriales
campos de exterminio de la realidad
que algún día durante nuestro anciano esbozo
querríamos recuperar y refundir entre la carne
para domar la dentellada de la desesperanza
el agrio propagar de la experiencia en cúmulo.

Será en este punto donde detenerse tendrá sentido
aquí acallar la voz 
para escuchar el deslizar de las serpientes en los lirios
volcará una carga de imaginarios en el labio- arruga
y una dulce presión de filo ardiente o frío
penetrará el cofre de los tesoros que se intuyen
en las restallantes bóvedas de la inacción
para extraer de ellas todo lo que falta
indagado en buhardillas y sótanos
en fotografías amarilleadas, cartas violentas
aromas ranciados, maquillajes secos sin perfil

ropas apolilladas y trajes con maniquí incluído
llenos de dinero inservible en los bolsillos
donde todo permanece en su lugar, ahora y siempre
envuelto entre abrigos y batines descosidos, 
pulcros de ausencia.

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Ferran Garrigues Insa

Manifestarse.



Que imposibilidad dolorosa son las letras
y que intersticial momento de eternidad nos apuntan
que infinito caudal de posibles 
que inverosímil estado nos contagian
que manera más sublime de morir
enfermar por el verbo
y desprenderse de la coraza
convertirse en tintas y reflejos
avanzar dentro del continuo
de un pensamiento que avanza
y se resuelve fuera de la presencia
vuelta forma atrapada
en el subsuelo de las pieles.

Escribir y describir, la vida, perseguir la libertad.

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Ferran Garrigues Insa

Fronteras.



Tiendo la mano 
y los dedos como espigas nacientes 
se atenazan 
intentando volver
tiendo la mano y después mi cuerpo
piernas, y todas las extremidades posibles
como asidero de salvación
y siguen surgiendo manos, dientes, uñas
horadando esta carne superviviente
quedará el esqueleto
donde se seguirán asiendo
todas las manos como garras
todos los dientes como cepo
todos los dedos como anzuelo
todos los ojos también 
desconectados en azul nocturno
esperando la última bocanada
llena de un odio convaleciente
unas palabras de mutismo
lanzadas desde el horizonte 
dentro del último trago que respiran
para ganarse un pasaje
al final destino de sus mortajas.

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Ferran Garrigues Insa


Matadero Tierra.



Son los tiempos del vacío
donde parece que morir está de más
y la carne es facturada antes de nacer
estrategicamente
en este lugar repleto de aullidos.

Podremos esperar en la mirada
dormir en el ojo predispuesto a cegarse
soportar el martirio de la piel desollada
dejar un punto fijo de incomprensión
donde perderse en el ensueño de los paraísos
podremos avanzar como marea
hasta encontrar todos los barrotes
y fundirnos en un abrazo carcelario
portando el metal profundizado en el adentro.

Son los estados de esta materia
que en verdad conoce todo su mutismo
son los vértices y las uniones
de toda la extensa masacre
que portamos orgullosos como traje
y sentimos el hueco ante su desaparición.

Podremos inventar una nueva humanidad
absorber las dentelladas
recibir hospitalarios golpes 
medir el estrato de cadáveres sin techo
sumarnos a la lucha fabricada
alzar los puños para que nos los cercenen.

Es el hambre, es el deseo
es la promesa de un acabarse
lo único que nos queda?

Al final de la hilera 
donde los hombres se convierten en corderos.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 24 de febrero de 2014

El encuentro.



Sabéis, me pasa,
que igual nos hemos saltado la infancia,
que si tal vez 
hubiéramos sido todos niños 
al conocernos,
todo habría sido mucho más fácil.

El trabajo ahora 
es reconocer esa infancia
que llevamos escondida,
reflejada dentro de la angustia
debajo de capas y capas de extenuado leño.

Para poder jugar... el tiempo que nos quede.

Es por esto que os elegí
hermanos del mundo
sin sabernos
a pesar de lo complejo
del encuentro
entre estas formas
que rayan la ausencia.

Es por esto que os tomé de la mano
os acompañé en el viaje duro
un poco cascarrabias
ocultando en alacenas las debilidades.

Es por eso que hoy no me duele 
decir que a veces he sido difícil
que a pesar de todo nada fue sencillo
y hoy sin perder más el tiempo
quisiera susurrar en vuestro oído:

¿Vamos a jugar?

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Ferran Garrigues Insa

sábado, 22 de febrero de 2014

Un pésame cualquiera.



Lo siento por vosotros
cargados de palabra
lo siento por vosotros
incapaces de vencer
el tumulto de las voces
lo siento por vosotros
irredentos hijos de la cultura
que no es posible borrarse
y eliminar contenidos 
salvo en las pantallas
quemando documentos
o cuando os aqueje 
el doloroso punzón
del olvido marcado
por una grave enfermedad
o por el mismo efecto
de irse pasando los años
sin hacer nada fructífero
lo siento por vosotros
incapaces de verter 
un atisbo de esperanza
que no sea para vosotros mismos
lo siento, lo siento, lo siento de veras
que no aceptéis el desconocimiento
que no enfrentéis al que no ha llegado todavía
y os perdáis la oportunidad de ofrecer
ese cambio perfecto en el modelo
ese lugar de residencia
donde se resiste también
el paso del tiempo
y se juega uno la inmortalidad
durante el espacio que vive
lo siento por vosotros
siento vuestro niño abandonado
o vuestro motivación extrema
el estrago que causa
la forma que adquiere
este berrear por las migajas
de un reconocimiento
de un espacio en blanco
que todos quieren rellenar
y que siempre queda triste
vacío después de la postrer fotografía
perdiendo tras ese fugaz segundo
en el que decidisteis morir
toda su importancia desmedida.

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Ferran Garrigues Insa

viernes, 21 de febrero de 2014

El juego al que todos juegan.



Entended el juego
donde todo se llama palabra
difuminad vuestra ausencia
prometiendo el paraíso
para los dignificados
romped la estructura
desentramad la matriz
volved al origen
repitiendo los verbos
uno tras otro
uno a uno
hasta quedaros sin
pretended la verdad
ocultando el proceso
desestimad a los otros
tomadlos siempre por menos
de lo que vosotros consideráis suficiente
calmad la sed
la continuidad de los desiertos
en vuestra corona de futilidad
decid, justificad
asid
entretened el tiempo
sacando los dientes
a los que tenéis cerca
coleccionad violento odio
repulsa
llenando los bolsillos 
de pequeños tumultos placebo
ponderad la ambivalencia de las cosas
temed perder todos los objetos
reprimid el impulso
que os ha de regresar
justo al punto de no retorno
donde todos migramos definitivamente
suponed 
que en todos subyace el error
escondeos en la ambigüedad 
retratad todo lo feo
excusaos ante cualquiera
que interfiera con vuestra victoria
pasad lentos hijos de la espera
proyectando la fatalidad perfecta
temiendo el resurgir del inconsciente
fingiendo que no es todo una deriva
en vuestra falaz e inoperante misantropía
contra todos los poetas
sean estos los que sean
o tal vez dependiendo 
de en que parte del camino
les encuentren.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 18 de febrero de 2014

Estrategia simétrica.



Saberse parte de la estratagema
de un mundo de color impreciso 
sentirse parte de la deriva
como un mojón de carne
catapultado hacia la erosión
devorando vida en pos del estallido.

Sentir el pulso como un leve ruido
exacerbando el clamor de voces todavía no nacidas
truncando el aire en pulmones anfibios
cortando las caricias en la raíz de su sabor
amputando cada hebra de cada cabello
todavía por peinar.

Prepárame para la paz.
Prepárame para la guerra.

Porque ambas son una jugada
un debacle sistémico
que todavía hay que resolver.

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Ferran Garrigues Insa

El reverso de las alacenas.



Toda puerta es 
camino de ida y vuelta
pasaste y volaste en planear retorno
mientras todo eras amor
pretexto para sutilmente controlar
el alma más libre que jamás has conocido.

Hasta aquí: lo siento.

Soy parte del horizonte
de piel abrasiva
que devora el dedo hasta el nudillo
y descarga eléctricos impactos
duraderos
en el reverso más oscuro de tus intenciones.

Hasta aquí: te avisé.

A pesar de mi cuerpo desmesurado
de mis formas personalmente imperfectas
de algunas maneras salvajes
de caricias animales
a pesar de todo esto y alguna cosa que no suelo recordar
pensaste que pasarías indemne
con el mentón erguido de hembra
con toda tu potencia visceral
pensaste demasiado
tengo el veneno demasiado concentrado
detrás de la piel
bajo el postrer indulto
el antídoto es grave y virulento su despojo.

Desde aquí hasta el ocaso de tus días
yo no soy responsable
de ninguna de tus atribuciones
de ninguna de tus retribuciones
de ningún insulto
de ninguna rabieta
todo esto forma parte
de tu incapacidad de sobrellevarme.

Quizás deberías mirar bien el fondo de tu armario
el color de los trajes con los que te vistes
el impacto de tus gafas de espejo sutil
y decidir bien cual es el siguiente disfraz
hasta donde puedes ocultarte antes
de cruzar ningún umbral
hacia donde debes desplazar el rimmel
el delicado trasluz de los coloretes
para deambular como herida
y quedar perfecta en cualesquiera altares
donde te adoren y me repelan
todos aquellos envarados en tu red.

Donde ninguna de mis alas quedará para siempre
donde ya no seré yo
en ninguno de tus fatales argumentos.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 17 de febrero de 2014

Hombre gabardina.



Esta casa vacía
se alimenta de los suspiros
estos pasillos helados se llenan
cuando regresan las almas
a retomar los rincones
que he dejado
demasiado tiempo
vacíos de huellas en el polvo.

Cristales, cristales, cristales...

Son ventanas o son ojos
o son marisma donde pertenecer 

como siluro enfermizo, enorme, agigantado
son acaso bulbosos órganos
los que me causan las pesadillas
en este cuarto enfermo, malentendido
situación confusa
moverse de todas las cosas exteriores
es sudor, es temblor, es miedo.

Cerrar la ventana ha sido siempre mi meta
un desesperado llegar antes que él
una reyerta contra mis propios huesos
muros de mí, prisiones de esta irrealidad.

Siempre lo encuentro
al final de mi carrera
en los ángulos del esmeril transparente
es figura, es un recorte
permanentemente clavado
parece un hombre
enfrentando mi veracidad
parece una sombra
una gabardina
cuero negro plasmado en vidriera
la recreación de malos sueños
lo oscurecido de la mente gemida
el arañar del rostro
el regresar
a la cama
a la privacidad de mi defensa
murallas de tela
me defienden
masticadas las uñas placebarias.

Y le presencio
como cada nocturnidad interminable
bajar hasta los lindes de mi territorio.

Me sonríe

tiemblo


se marcha.

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Ferran Garrigues Insa


Retales conjuntos.



Solo me reitero, en el
constante redundo
de mi inoperante ego.

Solo me condenso, en el
patrimonio eterno
de mi paulatina inconsciencia.

Solo me prevengo, en el
espacio recíproco
de mi terror compartido.

Solo me desengaño, en el
repentino complot
de mi autoestima disuelta.

Solo me empeño, en el
doblegado sentir
de mi alma encajada.

Solo me mortifico, en el
penoso avanzar
de mi mente pasajera.

Solo me desenlazo, en el
petulante esgrimir
de mi convulsión deseosa.

Solo me promuevo, en el
desentendido empuje
de mi ausencia incógnita.

Solo me lanzo, en el
improbable caso
de mi total valentía.


Solo me ofrezco, en el
meticuloso orientar
de mi propioceptiva moralina.

Solo me conozco, en el
centrado alocar
de mi relación interna.

Solo me crezco, en el
insoportable entramar
de mi absoluta inocencia.

Acabados los salmos
desde la perspectiva adulta
se pondera la situación
composición de alma-territorio
de danza patente
hacia un perenne abocar de mi
hacia la totalidad
dirigiendo el recuerdo a lo inmediato
caduco, fronterizo
donde lineales células se abaten
y dejan una vía, sendero
impreso sobre las huellas que paso
traspongo, olvido, sentencio
con mi pie descalzo
con el ser en la mano
con la presencia consciente
realidad que amo
que disuelvo
oculta recepción
desesperanza simbólica
los destinos que son efemérides
de los patentes efluvios
de otras moratorias
humanas, animales, 

imperfectas por su nombre dado
siempre exactas en su inopia.

En lo que nadie conoce
a lo que nadie mira
donde ningún ojo captura
ahí me he visto presente
ausente, totalitario
otra mirada, no diferente
rompiendo lo virginal originado
y dejando patente memoria
absorción del encanto.

Casi siempre.

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Ferran Garrigues Insa



Día en letra.



Hoy me he despertado, una vez, dos veces, tres.

He cogido la pluma, esa de siempre
que unas veces escribe y otras garabatea
y otras, que no suelo contar, se desangra suicida
escupiendo sangre negra, de tinta 

y lo mancha todo y lo destruye.

Hoy me he levantado, ante todo, poeta
sí, tal vez suene demasiado mordaz
impenitente, como muy de niño consentido.

Tal vez tendría que esperar los juicios por venir
los aplausos de esa gente
ese público, que no son míos.

Tal vez podría, de hecho todos podemos
plagiar, etiquetarme y empaquetado para regalo
llegar a las casas en navidad, santos o cumpleaños.


Y mira, me recome el gusanillo de la duda
pero tengo el del ego demasiado desarrollado 
para dudar de mí.

No de mí siquiera, de mi misma sombra.

Y al final, como siempre que se escribe
el globular inmenso, redondo egocentrismo.

Aparece y es muy difícil desestabilizarlo
arrancarlo, dejar que no sea un estilo.

Que quede en lágrima gris sobre papel, rendido, exhausto.

Me he levantado, sí, dos o tres veces, poeta y egocéntrico
y en mi mano ha terminado la pluma
que casi siempre lo mancha todo.

Y no sabiendo que hacer
mira ya lo que he escrito.

(Hay aplausos, desde la nuca
¿Son aplausos o tortícolis?
y no se que escribo, como tantos otros.)

Empiezan los desvarios, se desvanece
la musa borracha que me ha visitado hoy.

Precisamente hoy que me levantaba poeta
dos o tres veces.

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Ferran Garrigues Insa

Anacronías.



Tú, mirándote al espejo
recordando las arrugas de mañana.

Yo, estrechando las manos
de un muerto
esperando ilusionado
la amistad futura que ya fue.

Él, previniendo la caída
de las estatuas que adornan
con sus restos defenestrados
las calles de su infancia.

Recordar poemas, ni escritos
ni dichos
mientras el alma
se enardece.

Plenitud que no llega
pero tiene
desde hace tiempo
el regusto
de un acabado orgasmo.

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Ferran Garrigues Insa

domingo, 16 de febrero de 2014

El suburbio bajo los hierros.



Desde las alturas, como el faro
soy el ojo que contempla muchedumbres
arriba, en el picado insensible
en la distancia fría
sobre los tejados de este Paris que evoco
irreal, metafísico
tan alejado del cierto
del psicotrópico, influenciado
por manos y boca de tanta gente dormida.

Desde esas gentes a los pastos
desde el hedor del río
que no parece habitar esta ciudad
cuyo nombre antes dije
y como embebido por un halo místico
se violenta e incapacita
en su insignificante resonancia.

Desde las frentes repetidas
los caracteres no tan alejados
las multitudes en jauría
no me parecen tan amenazantes
se les caen los ojos a cada giro
tras las esquinas donde se maquillan
las cuencas de cristal ennegrecido
y aparentan una felicidad
en su sinfín de rutas
en las calles grises
en estas venas antiguas
que empujan en un flujo constante
de extranjeros y disfraces.

Todo este carrusel sucede aquí
bajo las oxidadas congregaciones de metales y refuerzos
en la olvidada Paris, en el despojo suburbial
matemática repetición de hormiguero 

bajo la torre iluminada.

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Ferran Garrigues Insa

Ratón de metro.



No era una mujer, era un ratón
no un mustélido, no una avispada comadreja.

Un pequeño roedor de ojos intranquilos.

Era frágil, nerviosa, rápida
de movimiento fugaz y esquivo.

Era una estela, un rebufo
un último suspiro, un estornudo.

Eran negros, completamente negros
sus ojos cabeza de alfiler
bajo las cejas algo gruesas
que extendían su manto de pelaje
arqueándose arriba y abajo
en un continuo e intenso cambio en su normalidad.

Eran sus manos pequeñas y enjutas
dedos pegados, afilada uña
siempre simétricas, complementarias
como activadas a la vez
por un tenso hilo que las mantiene equidistantes.

Su ropa, confeccionada a dentelladas
mantenía un corte perverso, caótico
de diente paralelo.

Sus objetos húmedos en los abultados abazones
su sonrisa más grande, cada vez más grande

en la medida en que atesora
más y más elementos y semillas.

Su andar dibujado en pequeños saltitos
en la arena desodorante de su casa.

Su rincón bajo una gran rueda de plástico
entre pedazos de trapo, montones de pelo
algo de polvo y olorosos sobrantes
de alguna de sus últimas comidas.

Su mirada perdida en claras pausas
mientras pasa su tiempo
acicalando el terso cabello que la cubre
de repente como un abrigo.

Su camino de todos los días
rueda, esquina de aseo, rueda
almacén de semillas, esquina de aseo
rueda, rueda, revisión del almacén de semillas
rueda, esquina de aseo
repitiéndose con escasas variaciones.

Sueña dormida en espiral
obligo- nariz, pie- oreja
rabo- frente, pata- pata
bajo una cúpula de pelambre
rediseñada cada jornada unas cuantas veces.

Y se despierta para comprobar
que sus orejas permanecen en su sitio
que la distancia entre ombligo- nariz
pie- oreja, rabo- frente, pata- pata
es justo la correcta.

Y pasa la noche proclamando
todos y cada uno de sus rituales.

Todas y cada una de sus metódicas manías
mecánicos tics heredados por toda su camada
generación tras generación
de pequeños roedores enjaulados.

Para llegar a un nuevo principio
se viste de mujer
después de rodar una o dos veces
en su particular escenario
se maquilla los bigotes, la rosada nariz
oculta las orejas en un gorro
las uñas finas y afiladas con sus guantes
pero ha olvidado
(quizás hoy, porque por un incomprensible motivo
ha salido con prisa)
unas gafas de sol, unas lentillas de colores
dejando al descubierto, de éste
que se cruza en su camino
sus inquietos iris roedores
detrás de un periódico gratuito
en un vagón destartalado
de un metro de Paris.

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Ferran Garrigues Insa