lunes, 17 de febrero de 2014

Día en letra.



Hoy me he despertado, una vez, dos veces, tres.

He cogido la pluma, esa de siempre
que unas veces escribe y otras garabatea
y otras, que no suelo contar, se desangra suicida
escupiendo sangre negra, de tinta 

y lo mancha todo y lo destruye.

Hoy me he levantado, ante todo, poeta
sí, tal vez suene demasiado mordaz
impenitente, como muy de niño consentido.

Tal vez tendría que esperar los juicios por venir
los aplausos de esa gente
ese público, que no son míos.

Tal vez podría, de hecho todos podemos
plagiar, etiquetarme y empaquetado para regalo
llegar a las casas en navidad, santos o cumpleaños.


Y mira, me recome el gusanillo de la duda
pero tengo el del ego demasiado desarrollado 
para dudar de mí.

No de mí siquiera, de mi misma sombra.

Y al final, como siempre que se escribe
el globular inmenso, redondo egocentrismo.

Aparece y es muy difícil desestabilizarlo
arrancarlo, dejar que no sea un estilo.

Que quede en lágrima gris sobre papel, rendido, exhausto.

Me he levantado, sí, dos o tres veces, poeta y egocéntrico
y en mi mano ha terminado la pluma
que casi siempre lo mancha todo.

Y no sabiendo que hacer
mira ya lo que he escrito.

(Hay aplausos, desde la nuca
¿Son aplausos o tortícolis?
y no se que escribo, como tantos otros.)

Empiezan los desvarios, se desvanece
la musa borracha que me ha visitado hoy.

Precisamente hoy que me levantaba poeta
dos o tres veces.

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Ferran Garrigues Insa

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