lunes, 17 de febrero de 2014

Hombre gabardina.



Esta casa vacía
se alimenta de los suspiros
estos pasillos helados se llenan
cuando regresan las almas
a retomar los rincones
que he dejado
demasiado tiempo
vacíos de huellas en el polvo.

Cristales, cristales, cristales...

Son ventanas o son ojos
o son marisma donde pertenecer 

como siluro enfermizo, enorme, agigantado
son acaso bulbosos órganos
los que me causan las pesadillas
en este cuarto enfermo, malentendido
situación confusa
moverse de todas las cosas exteriores
es sudor, es temblor, es miedo.

Cerrar la ventana ha sido siempre mi meta
un desesperado llegar antes que él
una reyerta contra mis propios huesos
muros de mí, prisiones de esta irrealidad.

Siempre lo encuentro
al final de mi carrera
en los ángulos del esmeril transparente
es figura, es un recorte
permanentemente clavado
parece un hombre
enfrentando mi veracidad
parece una sombra
una gabardina
cuero negro plasmado en vidriera
la recreación de malos sueños
lo oscurecido de la mente gemida
el arañar del rostro
el regresar
a la cama
a la privacidad de mi defensa
murallas de tela
me defienden
masticadas las uñas placebarias.

Y le presencio
como cada nocturnidad interminable
bajar hasta los lindes de mi territorio.

Me sonríe

tiemblo


se marcha.

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Ferran Garrigues Insa


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