jueves, 27 de febrero de 2014

Máquina II- El automasturbador se reconoce en el espejo:



El objeto hombre ha perdido peso
se ha quedado caquéxico
anoréxico, aminorado
menos del menos todavía
se ha pasado un siglo tocándose
redibujándose en su propio ojo
el objeto hombre sabe perfectamente
quién es él mismo
nunca se sorprende al encontrar un espejo
solo se inunda de una cómoda cotidianidad
como el que acaricia perros por deporte
y nunca se da cuenta de cuando murieron
inanes, faltos de comida
mudos de ladrar pidiendo.

El objeto hombre se predica
se vende a si mismo en la soledad de la escalera
se habla cuando no hay nadie cerca
y se susurra en la mente
cuando cruza multitudes.

El objeto hombre retiene lo sencillo
minimiza el gasto de energía de sus gestos
porque le gustan ciertas poses neutras
en las que le es más fácil poseerse.

El objeto hombre 

(OH para los muy amigos
que le saludan de lejos y aprovechan
para saludar a otros en su ademán con la mano)
es un ser sin controversia
un ser apartado a conciencia
recluido en un espacio plano.

Sobre el objeto hombre no hay nada escrito
todo puede leerse en su silueta
todo puede mirarse descrito en su contraste
sin voz, sin comunicarse
el objeto hombre es claramente una pizarra
en la que ni siquera dibuja un niño ciego.


El objeto hombre ha empezado a devorarse
se va desgastando de sobarse, de lamerse
con el ojo violado por su ojo.

De alguna manera ha enfermado
llenándose de bocas y de estómagos amables
que le están digiriendo
mientras lo sepultan cuidadosamente
en alguna de sus privadas perversiones.

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Ferran Garrigues Insa

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