sábado, 1 de marzo de 2014

Algo que se entierra en los vientres.



Soy el hombre, su perpetuo acoso galante
su furia intestina, su pelambre revuelta
su crin afeitada, su sexo hambriento.

Soy la mujer, su perpetuo acoso coqueto
su furia intestina, su pelambre permanentada
su crin depilada, su sexo sediento.

Entre las finas virtudes del espejo 
y la transparencia de los cristales
encuentro un punto concluso de enfriamiento 
en la capacidad de ofrenda de estos iconos
veo este ejemplo de seres aparentemente difusos
como en dos bandos opuestos 
como en dos esquinas dispares
agarrándose los ojos unos a otros
tomándose los cuerpos
penetrándose, balbuceándose al oído 
frases inconcretas de amor sereno.

Entre las sombras afines de los tiempos
solo la repetición de sus dramas
como un eco que se afianza en sus estertores 
en su seminal añoro
en su fluida búsqueda de amantes
para justificar el pasatiempo y la espera
ellos como una carencia esencial
como una hambruna perpetua
se piensan capaces de alterar su estado
de liberar sus carnes de esta podredumbre
pero el juego les supura en los oídos 
y les vence 
en la saliva que gastan innecesariamente.

Entre esos espacios compartidos
en estos mundos que parecen querer rozarse
hay líneas y paréntesis que son pervertidos 
por una incesante necesidad de diferencia
por una vulgar adhesión a uno u otro bando
a una u otra especie
para radicalizar el encuentro
para buscar una dificultad más 
en la sencillez del abasto de la vida
y no sé decir dónde he de permanecer 
o hacia qué lado hay que decantarse
pues no amparo ninguna esperanza en ninguno
todo es claramente insustancial y precario 
en este mundo de hombres y mujeres.

Para vosotros
sombras en el medio de este mar de dudas
para vosotros 
algunas de estas palabras un tanto violentas
para toda vuestra irresponsabilidad 
para vuestro sumidero
para que continuéis esta batalla sin mí
porque quiero permanecer a un lado
como un observador insensible 
a vuestra repetida diatriba
como un alentador de los conflictos 
hasta vuestro renacimiento.

Quiero dejar de formar parte 
de vuestra decisión de diferencia.

Quiero dejar de formar parte 
de las hileras de vuestro estancamiento.

Quiero tomar la determinación 
de no contenerme en vuestros diccionarios.

Huir todavía de vuestra malinterpretación 
de las formas finales de cada individuo.

Mientras quede alguna esperanza 
de cambiar todo desde el principio.

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Ferran Garrigues Insa

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