martes, 11 de marzo de 2014

Pyongyang 2014.



Y el sabor a tierra, justo antes de la asfixia.

Solo palabras. 11-M.

Solo palabras.

Puedo contar a los muertos, 
en cada una de las esquinas del mundo.

11-S. Un edificio.

Más muertos. Cercanos. Lejanos.

Un recuento.

La cuestión no es contar muertos y perder la memoria.

La cuestión es evitar nuevos muertos sin perderla.

La cuestión es tener la vida como argumento, 
como único argumento posible.

Todas las vidas son necesarias. 
Todas las vidas son necesarias.

Y cada muerte.

Y cada desgarro extenuante.

También tienen su lugar  en este difícil documento.

Yo no guardo dolor en la memoria.

Yo no guardo cadáveres en mi alacena. 
Y sí, también los tengo.

Todas las muertes que recuerdo, 
forman parte del desconocimiento de una era.

Todas las muertes que retengo, 
forman parte de un gran plan.

No distingo entre apalear a un perro 
y decapitar a un hombre.

No distingo entre sostener un arma 
y quemar una selva.

No distingo los colores turbios de la muchedumbre.

Ni las formas precisas de los individuos.

Distingo entre todas las ideas.

En mi balanza, solo hay cadáveres.

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Ferran Garrigues Insa

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