sábado, 19 de abril de 2014

A mi querida amiga.



Hoy quise dejar de mirarme el ombligo 
y recordarte amiga mía
que nunca te he dejado de querer.

Hoy, quizás un día como cualquier día
he pensado mucho acerca de nuestro tiempo compartido.

He pensado en todo, en las grandes cosas
en las pequeñas cosas y también en las cosas de adentro
de más abajo, en las que muchas veces
cegamos la atención y pasamos por alto.

He tomado los detalles, todos los detalles
y los he colocado en un diagrama
donde nos he puntuado al final tras un largo baremo
una pluma, una balanza, y nuestros corazones
como en aquellos juicios grabados en los templos egipcios.

No sé amiga, no sé si el tiempo ha sido malgastado
si nos perdimos el respeto antes o después
o si sencillamente se han agotado las fuerzas
lanzadas sin mesura al holocausto de desear y soportarse.

No sé tampoco el resultado del peso
de todas y cada una de nuestras acciones
ni si uno dio más otro menos
o si hay algún modo posible de saber ciertamente estas cosas.

Pero tras mucho pensar (y hacer bien poco)
quizás he descubierto un ámbito posible
donde nosotros todavía podamos permanecer en equilibrio
en esa tensión constante
donde no se puede avanzar ni retroceder
pues solo queda abismo entre estos cuerpos.

En ese punto concreto te reclamo
te convoco, para firmar este tratado
esta providencial justicia que es la única que nos queda
la que siempre nos ha mantenido ahí
el uno frente al otro
y que de manera desmedida 
llamamos provisionalmente "amor"
sin saberla resolver del modo convenido.

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Ferran Garrigues Insa

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