sábado, 12 de abril de 2014

Cuando jugábamos.



Cuando jugábamos 
perdidos entre las imágenes todavía secretas
la voz creaba algarabía y tumulto 
en las habitaciones del augurio
los horizontes eran de plástico
de metal y madera, eran horizontes cósmicos
trazándose en el reverso de nuestros corazones
en la parte póstuma de nuestros juegos
éramos libres, sensatamente libres
inevitablemente libres, todo lo libres que nos dejaban ser
que era igual a todo lo libres que no nos dejaban ser
porque nuestra medida era infinita.

Todavía retengo, el primer impulso 
el primer ojo dentro de otro ojo
la potencia con la que tomábamos los castillos 
y vencíamos con espadas diminutas
para correr entre el lodo, masticar la hierba
rodar persiguiéndonos hasta caer
cerca del río donde trituramos peces
para hacer ungüentos mágicos
donde salvamos ranas y esperábamos solo
el reflejo del cielo para contar estrellas en el agua.

Salvaguardo todo el tesoro de la infancia
dando gracias ahora por todo el tiempo
en que pude ser feliz dentro de mi propiedad
duró poco, también puedo decirlo
pero esto no importa demasiado
forma parte de una visión sesgada
de un estado de pérdida de la gracia
de una fisura previa a la honestidad
con la que uno debe valorarse.

Hoy busco entre los estercoleros y eriales
que este periodo adulto ha ido creando
escarbo bajo las montañas de detritus
entre los aceros doblegados al orín
plásticos, figuras, fermentos, órganos
de algún modo descubro un patrón
en el trasfondo de las murallas subconscientes
retengo los brazos de la madre
las caricias en la espalda
los libros leídos hasta medianoche
el olor nauseabundo del tabaco
en un único beso de mi padre
el chirrido de un ave de pico corvo
la piel de una anguila que creció demasiado
el primer perro, pequeño
la lengua colgando, su mirada perdida
los dedos acompañando su silencio
toda la tristeza y el amor en un solo segundo
donde el adiós dejó sobre una alfombra 
rojas manchas de absoluta persistencia.

No sé porqué. 

Pero pienso en cuando jugábamos
y las cosas no eran tan complejas
para tomar aire y enfrentar lo nuevo
todo lo diferente
con el mismo ojo de entonces
con la misma sensación que me regresa
salvado siempre, siempre 
reviviendo
ese tiempo precioso 
donde todavía podíamos ser cualquiera
hacerlo todo
ser inmortales
no tener memoria
y que fuera todo nuevo
todo inexplicable
mágico
irrepetible
mientras nos consumíamos
jugando por jugar.

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Ferran Garrigues Insa



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