jueves, 17 de abril de 2014

Lágrimas del Arno.



Lágrimas del Arno
luces infinitas o pilares 
de una catedral oculta en las aguas
voces congeladas bajo su negra corriente
en todas las ventanas que se hunden en sus remolinos.

Todavía os salvaguarda la piedra
antigua piedra de esta ciudad que pertenece al río
todavía os protege un halo de misterio 
en las rocas besadas por el barro
un no saber cuando volverán los siluros a pasear las calles
a sentirse el rumor del próximo estruendo
la violencia del líquido estanque.

Mientras tanto, las aceras 
contienen cantores y visitantes, viajeros de paso
ante la magnificencia de los órdenes y las estatuas
de las piedras recortadas
de los mármoles viejos de antiguas iglesias 
que todavía huelen a limo
donde se respira aun 
la forma final de la catástrofe en sus frescos.

Lágrimas del Arno.

¿Dónde escondéis el ardor sereno 
de vuestra entraña socavada por los faros?

¿Dónde se absorben las torres como raíces 
suspendidas sin sus cimientos?

¿Dónde la Toscana magnífica se diluye 
y se licúa mutándose en algo sereno
más allá de ella misma 
cerca de la desembocadura 
de este cordón umbilical que la traspasa?

Lágrimas del Arno
en su laberinto de callejuelas aterradas 
donde las voces quedan atrapadas 
en los callejones sin salida.

Lágrimas del Arno
colgando de los ojos 
de los hijos de esta tierra
en su historia, en su tumulto
en su densidad, en su secreto.

Lágrimas del Arno
en la lluvia que arrastra 
lo nuevo y lo viejo
como un preludio
a las mañanas brillantes
a las auroras que perfilan todo 
con una claridad arrebatadora
después de derramarse
tras purificar este cuerpo malherido hecho ciudad 
donde hoy yo también me he derramado
como una ofrenda sobre su propio sacrificio
sangre de Florencia, latiendo 
en esta vena sinuosa plagada 
de luces, sombras y vínculos
donde he sido reflejado, copiado 
robado de mi mismo
lanzado a la corriente, bajando
iniciando un viaje hacia el olvido
dejando atrás toda la persistente melancolía 
que me auguraba esta ciudad perenne 
en la totalidad de sus contrastes.

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Ferran Garrigues Insa

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