jueves, 17 de abril de 2014

Perderse.



Caminar, expulsar el cuerpo del lugar de salvaguarda 
dirigirse como un autómata al principio 
y después como hombre completo 
a la búsqueda de griales y otras reliquias inexistentes.

Proponer una tregua en los pasos
convencer a la supervivencia 
que este camino lleno de trampas 
es necesario y digno 
y que reportará algo mejor todavía 
cuando lleguemos a la meta
como una gran baza para mantener la ilusión.

Soñar despierto, mudar las cosas en otras cosas 
con la sola capacidad de visualizar lo imposible
sobre los elementos finitos del mundo.

Crear ilusiones sobre las ilusiones
hacer que las estatuas despierten de su sueño
que dancen los grises edificios
que los ríos remonten su propio cauce 
que gaviotas y animales sean de cera 
o retengan en sus cuerpos intrigas y secretos
magias y augurios que escapen de toda comprensión.

Formular una nueva lengua 
que no sea entendida por nadie 
para ser siempre extranjero en los sitios
para mantener el status quo 
de quien no puede ser accedido
invadido, polucionado 
y sin embargo 
causar el estrago del encuentro 
en todo aquel con quien se cruce.

No llevar mapas contigo, no llevar equipajes
poder morir a un paso o al siguiente
no poder regresar a ninguno de los principios
a ninguna de las madres 
que nos hayan reconocido como primogénitos
no, no tomar nunca el camino fácil del abrazo tierno 
del beso dado sin trasfondo
del encuentro de los cuerpos 
que quieren quedarse ligados para siempre.

Imaginar que el motor de esta vida 
que te reclama siempre el pago de la reproducción
la devolución de ciertas estructuras en tu desarrollo
no te pertenece
que formas parte del tumulto
que te esconden las acciones 
de los que sí desarrollan esta capacidad de no entrometerse
de felizmente acatar las breves normativas 
de una existencia hecha de carne.

Saberte dichoso por ello
salvaguardarte en la masificación 
que cada día aumenta y aumenta 
se apuntala en creencias hospitalarias 
para excusar tu raíz inhóspita y cruda
tu infeliz desconcierto, tu rabia adormecida
el camino elegido a conciencia 
sin dobleces ni falsas esperanzas.

Volver en el fondo 
a una formalidad constante de lo viajero 
a un punto origen, a un hogar que se traslada contigo
a una matriz procreada en tus pieles
en tu propio horizonte, en tu límite de sombra 
piel y distancia imposible de recorrerse a si misma.

Porque en espiral te contienes 
abocado a la multitud
para ampliar tu sustancia y tu espejismo.

Porque eres tu propio laberinto
todos los obstáculos
toda la materia del imposible.

Porque es así que trazas y retumbas
hombre perdido en tus prolongaciones
que son siempre los otros igualmente perdidos
o más todavía 
sin la semilla inexpugnable del eterno viajero 
que a ti, sí, te contenta.

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Ferran Garrigues Insa

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