sábado, 31 de mayo de 2014

Esta habitación.



Esta es la noche
una pared blanca
un techo blanco
un baño blanco
toallas blancas
sábanas
vasos
y ventanas.

Un cuerpo desnudo tecleando a toda velocidad
mientras la espina de la vejez 
comienza a alardear de su victoria
hay un espejo sobre este escritorio
puedo verme la piel extendida y algo oronda
han pasado los años, verdad, han pasado
dicen las canas a otras canas
las arrugas incipientes en las comisuras de los labios
todos se hablan en una conciliación perfecta
en un residual susurro que me obliga a seguir aquí
un poco más, una reflexión más
en este viaje confinado a un transporte de carne.

Las cajas de medicinas son blancas
como también lo es el tubo de pasta de dientes
y el cepillo eléctrico, blanco, blanco, blanco
como preparándome para un futuro hospital
dejar de tenerle miedo al confinamiento
a la administración intravenosa del sueño eterno
blanca es cada caja eléctrica, cada teléfono es blanco
la luz, sus interruptores, los sanitarios
los azulejos y las alfombras blancas
de un blanco nuclear a veces deslumbrante.

En la cabeza resuenan las conversaciones patéticas del día
también otras importantes, pero intento evadirme
mientras el ojo se inunda de blancura imprevista
busca en los rincones como un junkie 
otra mota blanca
mucho más blanca, inevitablemente blanca
anticipo la puerta y el pasillo y el relleno del ascensor
ni una huella, ni una mancha de hollín
invisibles grasas, todo superado
aunque la memoria rescata a los gatos negros
espesos como la noche densa de un bosque enmarañado
busco los colores de la liberación
el olor de las paredes iluminadas en verano.

Solo quiero escapar otra vez
escapar como hago siempre
volver a los lugares donde el hogar
abrazar la paz de los abrazos
comer el sacrificio de todas mis madres
estrechar la mano de todos los amigos
evitar las despedidas, romper el rito de las despedidas
vernos siempre, sabernos siempre
poder decir que os necesitaré hasta el último momento
mientras seáis posibles y yo siga siendo
a pesar de esas sorprendentes transformaciones
que dejé de controlar.

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Ferran Garrigues Insa

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