miércoles, 14 de mayo de 2014

Mujer de agua.



Era de agua, o de otra cosa
dicen
la verdad es que la vi de cerca
tanto, que acabó mojándome los sueños
entre noche y madrugada
se escurría entre los muslos
descubriendo todos los temblores
no podría decir si pude tocarla
en el fondo, era ella la que me recorrió
una y otra vez, sin dejarse un solo punto
yo (que por aquel entonces estaba hecho de barro, y sigo)
solo veía escapar pedazos que jamás regresaban
eran pequeños arañazos, mínimas pérdidas
pero su acción deconstructiva iba mucho más allá
empezó a filtrarse, a rellenar huecos
que en las noches de abandono
estallaban bajo la carne
con la violencia termokárstica 
ya sabéis, esa que es fría, afilada
se queda en la más fina fisura
actúa lentamente hasta que es demasiado tarde
invocando el principio de fragilidad
dejándote sin una parte que nunca pensaste indispensable
era de agua, de hielo, de marisma
era de fango, de tornado, un remolino
se comía esta piedra que me conforma
debajo de todo el lodo, descubrió algunos diamantes
que también erosionó
no recuerdo si pude retenerla 
tal vez un sorbo, una ilusoria sensación
en la palma de la mano
mientras goteaba lentamente
buscando su propio olvido
siguió licuándose
hasta desaparecer
demostró
así
cuan complejos
y diferentes
fuimos entonces
y seguimos siendo.

A veces creo verla
si paseo cerca del mar
o al escuchar el rumor de las fuentes
durante el baño, como un eco atrapado en las cañerías
pero no es así
es ilusión
sé, que debe haberse filtrado muy abajo
y muy adentro
como solo el agua 
es capaz de hacer.

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Ferran Garrigues Insa

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