miércoles, 14 de mayo de 2014

Mujer de sal.



Si algo temo, es la sal
que exprime toda humedad
cuarteando este cuerpo- fango
marcando con acidez rotunda
cada diminuto residuo que me sobresale.

Bien, ella estaba compuesta en su mayor parte por Sodio
terrible belleza sustentada en lo amargo
dormitaba en todas las esquinas de los cuartos
para absorberlo todo
unos días dentro de los armarios
para al cabo de una semana sin encontrarnos
verla de repente henchida varias veces
con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja
mientras deambulaba repleta y rechoncha
de todas las cosas a las que robaba su composición.

Era de salitre y de espuma, de mar y de isla
yo la veía chuparme
con la desesperación de los camellos
era de alga, de fondo marino
se había curtido al sol
expulsando toda su agua afuera, lejos
preparada para deshidratar al más pintado.

Sí, así era, yo por mi parte decidí emigrar
un día crucé los océanos
lancé los aparatos confeccionados para conversar
al fondo de las Marianas
corté los hilos de cualquier tubería 
que pudiera conectar este zulo 
con cualquier acceso, ya fuera por tierra, aire o mar
sobre todo el mar
porque la mujer de sal
es persistente como el mar
como la gota o como el agua
se oculta entre sus formas
para desprenderse 
desecarse al sol
parecer blanquecina
indefensa 
cadáver del propio desierto.

Ahora vivo asustado
me envuelvo en plásticos
para evitar perder una sola gota de sudor
todavía en las pesadillas
acontece que despierto empapado 
y tengo miedo
sé que sigue el rastro
hasta el último aliento que me quede
vendrá a robarlo
para satisfacer su ansiedad pasajera
hasta encontrar a otro
determinado manantial
paradójicamente
predestinado
a la sequía.

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Ferran Garrigues Insa

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