martes, 6 de mayo de 2014

Primera mutación.



Llega el momento de ser todos los monstruos
dejar la niñez como un pellejo
en alguno de los rincones
que no volverán a visitarse.

Viene de repente este cambio
uno apenas se da cuenta
o no le da importancia
y como lagarto se estira
mientras la segunda piel se arruga
apergaminada, como una funda
como pasaje y señal
como último discurso
apagándose 
como solo puede apagarse la voz
de un hombre avergonzado.


Enfrenta después su reflejo presente
que apenas reconoce.


Mastica los restos de su piel
intentando guarecerse de la sal del mundo.

Se entrega a la rabia 
mezcolanza de tumulto y soledad.

Ya no recuerda a las personas.

Se siente extrañamente cómodo
rodeado de sus semejantes
sabedor de una única certeza:

Jamás podrá salvarse de si mismo.

Toda mutación es irreversible.

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Ferran Garrigues Insa

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