viernes, 30 de mayo de 2014

Rescato las palabras.



Rescato las palabras que me rescatan
y las dejo servir una vez más 
entregándolas al papel
sacrificándolas en una espera 
que nunca acabará.

En este espacio donde mirar es síntoma de gratuidad
y escuchamos toda la soberbia lanzada 
a la boca almíbar 
al oído trémulo
al ojo avizor.

Seremos quintaesencia 
en el encuentro
a pesar de la mirada atónita
de los entregados al delirio de la mansedumbre
seremos hijos de la duda
estrategas del vértigo diario
moradores del desierto de la soledad
fingiremos la felicidad en el retorno
siendo trashumantes 
invencibles viajeros de esta nada
acompañantes de la suma 
donde dos siempre serán tres
y las leyes de los hombres se doblegan
para resaltar el falso territorio del gran amor.

Aunque selladas las bocas
con un alambre clavado 
querremos decir aunque sea
en el último instante
apenas se gire la silueta
que una vez reclamamos
casi, casi propia
querremos decir
la total estructura mágica
de letras y tumbos adverbiales
utilizar nomenclaturas alquímicas
provocando el exquisito desastre de nuestra salvación.

Llegará tarde y nos llevará lejos
esta experiencia maltratada
en libros de cuentas horadados de anillos
en bocas hartas de lamer el mismo sexo
en sexos cansados y amarillos 
siempre en la misma horizontal penetrados.

No tendremos escapatoria alguna
si alguien resulta lastimado a conciencia
o si el subconsciente amarga
cuando la lengua cruce el umbral
de redescubrir lo mismo
de entretenerse en lo parecido
con diverso envoltorio.

Será nuestra siempre esta verdad intangible
que encontramos en la pausa 
cuando la condena se distiende
y espacios de eternidad asoman
más allá de responsabilidades vácuas
de lealtades efímeras atornilladas a una firma.

Cuidando los errores
perseverando en la huída
alargando el tiempo
para volver 
al juego infantil donde nada nos pertenecía
donde no éramos de nadie
y no hacía falta redactar tratados
para cambiar nuestra lealtad
en aquellas guerras ficticias
donde se ganaban las verdaderas libertades
y los primerizos territorios de la amistad
veían sus fronteras ampliadas
en la risa infinita 
de los niños
que todavía éramos ayer.

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Ferran Garrigues Insa

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