miércoles, 18 de junio de 2014

La noche del bombardeo.



La noche como una entrada larga
en la que se nos permite existir 
tiene algo de luz en el encierro
de esta pausa semilla
que enraíza en terrenos baldíos
y crece, crece 
sin dejar rastro de nostalgia
y brota, brota
entretejiendo un nuevo horizonte
donde la esperanza quiso pero no pudo
en ese crimen diurno
en el que los hombres se contagian de virtud
siempre inocentes, graves niños inocentes
con los dedos turbios 
arracimados en los gatillos
las bocas tensas
accionadoras de colmillos
los ojos prensiles
de cualquier cosa con brillo
esos que nacieron
para devorar el futuro
antes de que pueda perpetuarse
ningún presente.

La noche vestida de luto
pronuncia la cantiga del desasosiego
y mudo presiento un abasto inalcanzable
sordo al tiempo, al sortilegio
atisbo una impronunciable promesa
contaminada de lo sórdido
como sórdidas violaciones  
y niños estrangulados 
en callejas y apartamentos
indistintamente 
sudor en la sien del hombre ahorcado
nubes de mosquitos llenos de proyectos
estudios químicos de la alianza perfecta
fingimientos precoces de todos los afectos
momento de piedad para las mentes en pasmo
el regreso paulatino a buscar fracturas
deseo de ruptura de los alientos
moneda de cambio de piadosos cementerios 
comedor abierto para el rey de los gusanos
estereotipos feroces
voraces orificios
proscritos
oficiales estrategias
proscritas
estados ficticios
que derrumban
las trincheras abiertas
desestructurando al hombre intuído
demorando el cambio
en cada espacio inenarrable cubierto de injusticia.

La noche es un mal enemigo
cuando se trata de organizarse
sabemos que nos arrastra
y nos eriza la crin invisible
convirtiéndonos en algo salvaje
la noche es el peor enemigo
en su secreto volamos 
nos concede las alas
Ícaros seducidos por el sueño
morimos a cientos, a miles morimos
la noche es la mala conciencia
nos somete uno tras otro
al final nos somete a todos
mientras volvemos a la caverna
andando con porte regio
orgullosos hombres devueltos 
sin hogar y sin nombre
hasta las duchas
frecuentamos el orden de las filas
el susurro de los comedidos
debajo de cada costilla hay un símbolo
el hambre agujero 
nada más
también la fosa
también 
es una amante más del cuerpo torcido
esta guerra es la guerra de siempre
es la misma guerra
en su eternidad inexpugnable
nosotros aventajados alumnos
la repartimos con generoso agrado
la llevamos en paquetes "fast food"
o la entregamos tamaño familiar
a nuestros enemigos
que son los mismos que somos
hasta tienen el mismo reflejo
en cada una de sus retinas
mientras nos encontramos en el frente
dispuestos a asesinarnos
en la justificación del ansia
en este trazo sutil
donde se dibuja el fratricidio.

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Ferran Garrigues Insa

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