jueves, 12 de junio de 2014

La renuncia.



Pude ser todo lo que quise
cuando decidí ser nada 
de todo lo que esperaba.


Sin sentido alguno deduje la muerte del otro
esperé a que las magnitudes cuánticas 
alteraran el final inscrito en la carne
pensé que dentro de las mentes
en el algoritmo ulterior transcrito 
sucedería algo diferente, un cambio
una alteración en la superficie de todas las derrotas
aunque no pude resolver nada
y me convertí en un tosco pozo 
donde reverberaban las preguntas
voces sin fin entregadas al vértigo 
esperas arrítmicas profanando la juventud
acciones mal dirigidas, tempos injustos
frivolidad continua en el altercado de reconocerse.

Fraguaron los espejos para premeditar nuestra premura
un seguido de presencias protocolarias 
tomó de la mano nuestra virtud
pasaba deprisa el extenuado relajo
mientras azotaban con virulencia explícita las islas 
corales arrancados como heridas rúbricas 
látigo de sal arracimando las corrientes
el aullido de las olas simplificándose
el cuerpo abierto en tajo
para el placer de unos pocos
sencillamente, el tiempo pasaba así
mezclado con tantos otros sucesos naturales.

Fuera un impulso o una grave planificación
fue suficiente para vincularnos al apocalipsis
sobrepasar cada límite, resbalar sobre las fronteras
caer detrás de la trinchera de un homicida siervo
enturbiado en cegueras fruto de su hipótesis
fuimos liberados de influjos
dejados al albedrío de lo noble
a pesar de cada ejemplo prohibitivo
al margen de cualesquiera interpretaciones personales.

Me pudieron las variantes más efímeras
no supe enfilar la aguja
ni enhebrar el hilo
los dedos convertidos en miel
se reducían a mera licuación
desapareciendo cada detalle de cada forma
no supe caer bajo la última capa
donde conservaré la momia
seguir proponiendo causas
poder decir aunque callando
cada protesta, cada injusto desenlace
esta lucha infinita que batallo
este punto exacto 
carente de presión.

¿Todo esto para qué?

Funcionó como resorte para rubricar escapes
exasperó a los retoños fríos en su argumento
matizó la fisura con exactitud de escalpelo
dejó caer máscaras y deformes calaveras
banquetes en su fruición extranjera
banquetes solo, antesalas de un estudiado sermón
trascendiendo todas las vicisitudes
dejando la espina afilada y blanca
esperando el momento justo
para aferrarse a su mayor debilidad.

Supo salvarse de esta manera única.

Dijo no, la gran renuncia.

Aprendiendo de repente 
los más íntimos detalles de la libertad.

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Ferran Garrigues Insa

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