martes, 22 de julio de 2014

La ira de los gramaturgos.



Considerar que un lector es incapaz 
de entender o admirar una poesía
porque no la comprende
no se halla en el horizonte del poeta
es más una función de repartidor de octavillas
defensor de reglas que cambian como conviene.


Sin comas
sin ni siquiera un signo de puntuación
levantando ampollas en las pausas
responsabilizando al lector
de los tiempos
de su propio tiempo
de su pronunciación
de su coraje
al enfrentar la mente 
la emoción
el sentimiento
hechas letra.

Parece que existe un resorte
una violenta resignación
por defender la regla escrita
entre poetas

perdonadme...

(Aquí iba una carcajada)

No tengo más que decir.

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Ferran Garrigues Insa

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