lunes, 15 de septiembre de 2014

Bohemia.


Devuelto, de un camino rodeo 
en la espina dorsal de Europa
navegando las nubes, 
viendo espirales de blanco espacio vacío
canté a las llamas seductoras 
entre hermanos de conciencia
bailé la risa perpetua 
para ángeles de muerte bipolar
entendí los vicios, las virtudes 
y la lucha sin nada
por jugar eternamente.

Quise a una muchacha rubia 
su color violín 
su ojo azul gris pasado de ternura
me reflejé en su infancia 
recorrimos las calles de Praga
reímos la insolencia de desconocerse
luego se marchó a trasladar su vida en un barco
yo huí hacia los territorios desconocidos
de calles repletas de pinturas
de voces todavía más duras y más extrañas
y un amigo perdido en la sombra de Alemania
al que rescaté del sueño de liberarse de la patria
dándole un poco de llama para calentar la resistencia.

Giré hacia un pasado cercano
donde las personas todavía quieren con locura
aunque se haga dura la estrategia 
y no sepan decirlo cada vez como nos gusta
pero existen los lazos del para siempre 
en sus ojos de las tierras del Este
y en sus manos y en sus abrazos 
y en sus lágrimas cuando me marcho
a correr la vida en otro lugar 
lejos de todos, pero entre amigos.

Perdidos
están allí
desaparecen
sobreviviendo
en esas esquinas que he transitado
como un vagabundo
lanzado a la deriva
en lugares donde la soledad
es un espasmo certero
una flecha frenética.

Pero recuerdo cosas dignas de ser contadas
seres que me recuerdan la luz
personas que te hablan en los andenes de los metros
ojos que se fijan 
paseos litúrgicos 
en los lugares comunes 
de gente que te observa
de manera despiadada.

Extremos que se retuercen
cuando hilvano cada memoria
puntas y vértices que extraño
fundido en los sueños 
revividos
donde regresarme
siempre poder volver
desde este hogar inmerecido
esta tranquilidad profética
de gatos mimos
que vienen a protegerme el sueño
antes de marchar
todavía regresando.

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Ferran Garrigues Insa

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