sábado, 27 de septiembre de 2014

Cuanto nos falta.



Cuanta distancia nos azota
querida compañera
perdida en el tiempo
enfundada entre las máscaras
rellenando los huecos
entre carnes diferentes.

Cuanta distancia nos marcan
la fractura y el cristal
la herida y el quejido.

Al paciente dolor de la espera
lo acunamos entre los brazos
siendo madres
todos a la vez
sosteniendo con este valor frágil
la selva del olvido y la pena
la espacial distancia
donde el amor
se profesa en secreto.

Cuanta paciencia nos falta
siempre aleteando
dando la última bocanada
en la última boca
de la última anguila
en un cubo ahogado en sangre
siendo nosotros
artífices de nuestra propia miseria.

Cuanta práctica nos queda
reconocer los lugares donde...
los puntos exactos en que...
la aproximación perfecta
del dedo aterrizando en tu sexo
de la lengua rozando el labio
de como se enredan las extremidades
y producen lazos y nudos
de fortaleza inquebrantable
a pesar de tanto como nos falta
y de lo mucho que nos queda
por mirarnos, tratarnos, entendernos
jugarnos, besarnos y esas cosas
que se les atribuyen
tan a la ligera
a los amantes
que como nosotros
saben algo
(quizás demasiado poco)
sobre distancias
errores y particularidades
de esta naturaleza etérea
que nos arremete
hacia la zozobra
donde la voluntad de pretenderse sensatos
en el claroscuro de nuestra procedencia
nos indulta y nos remite
siempre
a lo inevitable de querernos.

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Ferran Garrigues Insa

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