jueves, 25 de septiembre de 2014

Rumor de la conciencia.



Lamento el silencio de las hojas disueltas
el reflujo simétrico de palabras sepultas
la voraz intención del intuitivo intelecto
que escarba y se nutre bajo las vocales.

Siento, en la fisura donde los fluidos vírgenes estallan
una mano que surge a pesar de las frondas
que se atenaza mortal sobre el pecho turbio
y se mezclan sudor, espasmo y convalecencia.

Quisiera poder escapar 
de esta rima motora 
de cada uno de los versos que escribo
matar el verbo y destripar la frase, 
violentar vuestra experiencia
roer desde la primera de las letras, 
el contorno fractal que nos comete
arremeter flecha y puñal, 
corte y trascendencia de vuestro pasado
pero ando perdido últimamente 
con dolores imprevistos
extrañas experiencias nocturnas 
que tienen mucho que ver con la fragilidad
sueños maltratados 
en las esquinas de mis consideraciones
donde danzan las figuras frías de seres paternos
húmedas imágenes levitando en océanos, libertas.

Pretendo ordenar cada pedazo de este ritual
decir con menos mucho
decir con nada todo
lo intento, creedme 
hacer caso de las poéticas circundantes
de los materialistas ganadores de concursos
de la tecnología incipiente que nos satura
siempre esclavos de su conocimiento.

Ser poeta dentro de una lata.

Ser poeta de lata.

Ser una lata de poeta.

Todas esas cosas que... 
todos esos tiempos en...
donde parece que no sea yo
quien os atrapa un segundo y os suelta
en esta continuidad de preguntas
que no nos llevan a ningún lugar.

Pero que me hicieron estar aquí
entablando esta conversación de amigos

contigo

con quien quiera que seas
que tienes tiempo y encuentras un segundo
para reposar los ojos en esta poesía
en este encuentro
que no quiero variar
solo entregarlo, decir:

Lamento el silencio de las hojas disueltas
el reflujo simétrico de palabras sepultas
la voraz intención del intuitivo intelecto
que escarba y se nutre bajo las vocales.

Siento, en la fisura donde los fluidos vírgenes estallan
una mano que surge a pesar de las frondas
que se atenaza mortal sobre el pecho turbio
y se mezclan sudor, espasmo y convalecencia.

Tic, tic, tac.

Es la verdad.

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Ferran Garrigues Insa

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