viernes, 17 de octubre de 2014

Fractura.


Los ancianos de mi tierra son mentirosos
casi todos sobrevivieron a la guerra
unos más que otros, otros más que algunos
confinaron el dolor y la violencia
dentro de las palabras dignas
en festividades amargas
que tomaron el lugar de los entierros.

Los ancianos de mi tierra
se enzarzan en discusiones
por cualquier cosa
la razón con la que juegan
es de los dos lados
de una moneda
pasada de mano en mano
es un discurso refinado
de falsedades maceradas hechas verbo.

Los ancianos de mi tierra
mezclan el dominó y se apuestan la vida
porque quizás tienen la intención
de recuperar algo perdido
en la vivencia arrebatada
a todos los perdedores
que sustituyeron hasta hoy.

Tengo un gran respeto por mis ancianos
por su experiencia irrepetible
por su verdad distraída
su recuerdo atenazado
en la ingrávida memoria
donde tantos muertos callan
insustituibles por estos presentes adobados
que reclaman su derecho a prevalecer.

A los ancianos de mi tierra
supervivientes 
no extraviados nunca en las cunetas
cubiertos de olvido 
a esos no quiero decirles
todo lo que pienso
porque parece que esté rompiendo una ley no escrita
cavando una tumba propia
porque han tenido hijos y nietos
que los defienden
alimentados con orgullo y sangre
de campos abonados
con otros ancianos
antes jóvenes
antes niños
antes hijos
después hermanos
después padres
después otra vez ancianos
a los que jamás tendré
el privilegio de conocer.

Tal vez sea esta memoria que me aturde
o la herencia de sentir lo que perdimos
que me haga divagar de cuando en cuando
voltear esta realidad 
diciendo alguna vez
así, de tanto en tanto
todo lo que nadie dijo
y aprender así
a no desconocer verdad
para saber 
para decidir
estar equivocado.

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Ferran Garrigues Insa

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