miércoles, 1 de octubre de 2014

Los gatohombres.



Así como ellos yo también tengo 
la necesidad inevitable
de ser yo mismo.

Tumbarse, estirarse, sedimentar por exceso de sueño
lamerse, olisquearse, marcar, cada esquina del mundo
dejando una huella que permanece un tanto
hasta que llega otro que la cubre
que espera permanecer otro tanto
un poco más incluso, que quien le precede.

Sentirse hasta el último vello
ajustar cada caída
cada salto
pero sin demasiada planificación
la planificación mata las cosquillas en la boca del estómago
el disparo de adrenalina
de todos modos planificamos
para no sufrir de corazón y alma siempre
nos afilamos las uñas en privado
e intimamos con ellas bien dispuestas
cubiertas por el guante de seda
de nuestra agradable pelambrera.

Buscar el Sol, apropiarse del Sol
luchar por la mancha de luz que cruza nuestra puerta
saber de la vida, en su intersticio
darle verdadera importancia a varias cosas:

La primera jugar, la segunda
no arañar cuando el otro pide una tregua
para asearse el hocico
cosas básicas
que se tienen interiorizadas
en el día a día.

Arquearse y estirarse, predisponerse
a la acción inmediata de lo desconocido
erizarse, bufar, dar cabezazos de amor incondicional
restregarse, llenarlo todo de pelos
para ejercitar la memoria en los otros
vomitar de vez en cuando lo intragable
para demostrar que todo no es comestible
dejando perplejos a desconocidos
alentando el cariño entre las visitas
escapando hacia lugares inverosímiles
mientras descansan nuestros mal llamados dueños
que creen en la pose y en la máscara
que tenemos para ellos
oculta en nuestra verdadera forma
todavía por revelar.

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Ferran Garrigues Insa

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