viernes, 24 de octubre de 2014

Vejez.


Sabemos que un día nos alcanzará el olvido
y desistiremos 
no sin antes revelarnos
desnudando a conciencia
cada pequeño tesoro
adherido a nuestro particular sepulcro.

Pasará que nos habrán cincelado al detalle
en nuestra carrera hacia la adaptación
jugando entre los recovecos de sobrevivirse
produciendo proyectos 
artífices de cada arquitectura
nosotros inservibles frutos
seremos descartados.

Para ese espacio limbo 
guardaremos un gesto sencillo
abrir la brevedad de los ojos
organizar en tromba
todos y cada uno de los sueños
dejar que se lancen 
hacia la presentación por defecto
que nos tienen preparada.

Obstruiremos con este destello
todos los caminos 
todas las posibilidades
dejar que pase esta contraindicación
que las palabras 
retomen su justo sentido
su exacto lugar de privilegio
al encuentro con el desconocerse
en la verdad de sabernos nuestro propio enemigo.

Alimentar así el recurso 
de saber que todavía
quedan lugares inaccesibles
en el reverso de nuestra propia oscuridad
obtener el cáliz de una vida eterna
al libar la fuente origen
de nuestra experiencia
volver a visitar todos los momentos
jugar con todas las perspectivas
contar la infinitud de posibles
que jamás realizamos.

No desaparecer sin un gramo de batalla
no aceptar este silencio borrador
así a la ligera
afilar perpendicular
una espada de fulgor invencible
asestar el golpe más certero
la herida más profunda
marcar el lugar vacío
para despertar lo oculto
en nuestra última contienda
con el bagaje de esta humanidad
que nos descompone
descontentos hijos de la depreciación 
someros autismos fatales
en la periferia del abismo.

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Ferran Garrigues Insa

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