miércoles, 12 de noviembre de 2014

Griterío.


Si me quedara voz 
pondría la última palabra
sobre la punta de la lengua en equilibrio
y la dejaría desplomarse
descender centella al rojo vivo
hundirse en las aguas heladas
desatar maremotos
para alcanzar tu atalaya.

Si pudiera todavía 
mantener la lucha
enfrentar el destino
desvestirme de todas las máscaras
jugar durante el plenilunio
danzando entre las brujas, mis hermanas.

Si me quedara un ápice de poder
en el residuo del costillar restituido
antes hecho cristal y añicos
ahora reliquia extenuada 
que no sabe bien qué la sostiene.

Si la verdad fuera dicha
por todos estos versos
impulsados en la mansedumbre de quererse.

Si no se dejaran caer
tan absortos en su simpleza.

Si no quedara la mudez
la mudez tan solo 
que en silencio otorga
victoria total a los poemas.

Si fuera posible regresarte
dejar el polvo atrás
en los sobados pliegues
donde jamás se vence.

Si todos estos gritos
pudieran traerte de vuelta.

Si llegado este momento
quizás siquiera un sacrificio 
ritual revelador de ternuras no manifiestas
sirva para nada.

Si no pudiera encontrar un final apropiado
para este epitafio
abrazando el sinsentido humano
contagiándome de risas, sueños
en todas sus aristas, en todas sus pretensiones.

Si entonar este secreto
no despierta al dios dormido
bajo la capa última del horizonte.

Si mover las piezas 
aleatorias de un rompecabezas
pudiera activar el mecanismo
de una personal máquina del tiempo.

Si fuera todo lo imposible
dispuesto en un orden innegociable.

Si asentir la vida
fuera eso.

Si negar la muerte

fuera tan sencillo.

Si dar paz a este discurso
o dejar por fin de revivirnos
entre tal redundo de metáforas
nos salvara. 

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Ferran Garrigues Insa

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