sábado, 8 de noviembre de 2014

Hijos del equilibrio.


Yo que no soy hijo de la nube
ni del viento extrapolado
ni de la profunda marea
ni de la arena móvil de los desiertos
te digo que eras precioso 
hijo del hombre
órgano mutilado de la urbe
lanzado a la matanza.

Provocaría el grito
en cada una de las muertes 
que enarbolan tu bandera
cediendo terreno al odio
para cesar de amarte
y abandonar esta contienda
que afecta como delirio
luz falsa 
recibida en un disparo.

Pero yo, que me enternezco niño
y te entrego este abrazo
en la mirada cánida
que intenta adormecerte
a mí, que no me quedan horas
para sustituir la rabia
que me enletezco a caricias
para abonar tu suerte
en un sustrato primero y último
al que pertenecemos juntos
en la inevitabilidad del encuentro
de nuestras propias objeciones.

Soy yo el que recurre a la insolencia
de recordar tu destino
para abalanzar los acontecimientos
y dejarte ir, libre, capaz de todo crimen
esperando que algo dance
en el confín del dolor que arrinconas
y sepultas
y desgarras
sabiendo que hay que devolver el equilibrio
al que te resistes
al que debes resignarte
antes de morir.

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Ferran Garrigues Insa

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