miércoles, 19 de noviembre de 2014

Los fronterizos.


Me gusta la gente abismo
la gente frontera
desestimo las llanuras
por falta de orografía
los horizontales lagos sin temperamento.

Me atraen magnéticos los picados 
la succión perpleja 
que arrastra 
la ropa vieja del alma 
al viento de su espacio.

Lo siento por las simas
y por los ritmos planos
las voces cuya tesitura
aburre la infinitud de cada paso
hasta extenuar cualquier latido en su simétrica inspiración
dulce y placentero resort de los perdidos
escaparate de mundos con efigie y con reglas
que se visten el corazón abierto con armaduras de sangre
relatando leyes propias de falsa raíz prometeica 
de riesgo medido, acorazados de reflexión
sus ojos no se perpetúan en grabados signos
obligados a permanecer ante el olvido
pues ellos tienden a desaparecer a pesar de su constancia
mientras expectoran el deseo desde su turbulenta corriente
babean enamoramiento, se relamen al devorarte la entraña
a veces son tan suaves y tan lentos
que desvanecen las pieles que seduce su contacto
(pero esto suele ser una ilusión pasajera)
hijos del residuo, exclamación inhóspita 
resumen la totalidad del amor
en su despiadado gesto
cargado de miedo.

Pero los seres limítrofes, no
ellos no defienden su terror
como gran estrategia para justificar el vértigo
las ganas de arrojarse a su vientre 
desde las tormentas volcánicas 
de sus pechos hechos de herrumbre
de sabor dorado y metálico
o sus besos de sal
nunca metódicos y nunca rígidos
porque saben que son el misterio
y no deben guarecerse
para permitir el salto a ciegas
en el límite de sus fosas abisales.

A estos elijo
a su siempre inesperada ofrenda
de aventura y delirio
donde tan fácil es ser vencido 
y tan difícil derrotarse en su paz duradera
en el refugio de sus grietas
allí 
en los tesoros hundidos de su fondo inalcanzable
donde todo queda por descubrir.

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Ferran Garrigues Insa

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