jueves, 25 de diciembre de 2014

Un día cualquiera.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

Hay hombres que amordazan la jauría en noches como esta
se ve la luz de sus apartamentos
como una cuenta atrás
durante muchos años
apagarse, encenderse, volver a empezar
según un ritual de tiempo
de sombría decrepitud urdida
sombrío lamento de sus atardeceres.

Tal vez
imaginéis
una algarabía pretenciosa
en su acto de silencioso autorretrato
quizás es que todavía no habéis sentido el ahogo
de la falta de todos los horizontes
el sucesivo martilleo de la pérdida
que ellos no ocultan
bajo la capa del amor superficial
de fechas- acontecimiento
o exaltaciones predecibles
de todas y cada una de sus miserias.

Quién sabe si seréis vosotros
ese mismo hombre
sentado en su cubículo
dilapidando las horas
concentrado en provocar la magia
para superar las rémoras
desprenderse de lampreas
expulsar hasta el último parásito
para que las alas puedan extenderse sin sorpresas.

Quién sabe si nos quedará un segundo
para hacer esta reflexión
cuando el telón de la suerte se desprenda
veamos los rostros homicidio
formar parte de nuestra extensa familia
mordamos la mano que golpea nuestra crisis
luchemos por un último aliento 
para que otro luche y muera
más allá de nosotros
llevándonos consigo.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Despedida y reencuentro.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

-Tienes que cuidarte de comer demasiado.

-Y tú de hacer el salvaje.

Vestido con un traje de bailarina de ballet
danza todavía en la memoria
de las sillas escarlata
de un teatro cubierto de terciopelo
pero no fue ahí donde nos encontramos por primera vez.

Sin habernos visto
manejamos una criatura de aluminio
con el ritmo del agua
y al terminar 
todavía sin mirarnos
dijimos:

-No ha estado mal.

-No, no ha estado nada mal.

Cuatro años de locura risueña
de saltos en un escenario abarrotado
viendo el cambio de una juventud acróbata
de nada de pelo
a una maraña enorme.

Yo tengo calidad decía
a ver cuando montas un espectáculo decía
no lo haces mal decía
tienes herramientas decía
y nos reíamos
dándonos con el attrezzo 
y escuchando aquella aquella frase
con acento galego:

¡Paraaaa, que yo sé parar!

Que la mayoría ni entiende
ni nos importa
pero los que lo vivimos
vamos a reír de largo
por hacer el mono
todos juntos
mientras nadie miraba
y Valiente tocaba como un loco el piano
cuando miraban todos.

Después de estos años
la última vez 
hablamos de no volver a hacer lo mismo
de la falta de respeto por nuestra pasión
que han tenido algunos
pero que nunca nos importaron demasiado
ahora
de todo el tiempo
de todas las cosas
recuerdo las queimadas
veros saltando desnudos por los tejados
hacer gala de una maravillosa locura
tomando las calles de Florencia
y miro hacia atrás
a aquél primer encuentro
aquella primera vez:

¡Qué despacio andabas!

Tranquilo
en mitad de toda la multitud desgañitada
que se esforzaba demasiado
ya entonces 
sin saber nada
sabía que eras importante
y lo que queda
aunque te vayas de paseo
en otro de tus saltos acrobáticos
guiñándonos el ojo payaso
haciéndonos partícipes de ti
aunque esta vez sea para siempre.

Ahora no me queda más que decirte 
tan solo 
que éramos pilares básicos
como dijiste de algunos de nosotros.

Pequeño salvaje
lo cierto es
que tú nos sostenías
eras el más grande
de todos los pilares.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 9 de diciembre de 2014

El paso de la noche.


Dibujo un hilo de sombra
con el espejo de tu perfil
rompo la fundación del futuro
en el alambre útero
que se transporta oculto
bajo la piel en carestía
caída libre de los últimos abalorios
desaparición de los hombres pájaro
muerte, desamparo y muerte
para celebrar la vida 
con el ánimo taciturno
de los gatos en invierno
levedad en las sonrisas
que nos antojan recuerdos
decrepitud en las ficciones
reducción de los cuentos
escaparate de monedas
a ellos deberemos el infernal augurio
donde caer sepultos
bajo el asta que nos corone
espantajos con síntomas de humanidad
contínuo desprevenido ciclo
revelación de tendones
en el lugar más inesperado de la noche.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Photuris.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

Nunca fuiste luz, luciérnaga
carente de alas
volabas en el fango de la multitud
estrépito de patas insectas
no eras hembra de esta especie
solo química cazadora
de vientres brillo
en los que hendías el beso
después el vitriolo vulcanizante
para alcanzar un hartazgo.

Nunca fuiste luz aquí
donde comemos sombra
desde nuestra intermitencia
no te recibimos
para dejar que te quedaras
el manjar envenenado
que eran nuestros cuerpos
te fue vetado desde el principio
pero quisiste probar
la miel mortífera de nuestro gen
el sabor dulce de nuestra simiente.

¡Qué estertor magnífico
el de tu letra póstuma!

¡Qué avalancha! 

De saberse desnudo
indefenso, invisible
ante la mirada rayos-x
previa a la oculta mandíbula
esta hermosa contienda
de volverse alimento
para perpetrar el ritual poema
defenestrar todos los sentidos
hundir todos los desahucios
en el atardecer de nuestra nada
invencible al horizonte.

Que despertar atroz
a la virulenta realidad depredadora
medida de la conspiración
derroche de poder
humo de alcoba
residuo plastificable
que hay que desechar
endureciendo el gesto
para evitar zarcillos
intoxicaciones y mejunjes
que nos hagan enfermar
después de tu festín.

En el final del juego
donde se precipita el disfraz insecto
vibran los élitros 
una melodía sofocante
de adormecimiento pálido
vulgares sobre las sábanas
quedan los miembros
sin coraza y sin química
frutos del fragor de sus atracciones.

Es hora de acaparar
todas las farsas
es al final nuestro delirio
el desastroso asesinato
de cualesquiera posibilidades
al apuñalarnos
ahora que nos vemos
tal y como somos.

Vamos a volar
hacia cualquier farol
vamos a morir juntos
presa de nuestra propia insatisfacción
abalanzados al ardor
de este Sol filamento
tan eléctrico y falso
como esta nuestra historia
hecha de químicas y humores
podridos e intangibles
deshechos 
sin matriz
bajo tu falsa luz que parpadea
una última definición de imposibilidad.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 2 de diciembre de 2014

Ruta de oriente.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

El grito de Tokyo
contenido en los primeros copos
me acompaña emergiendo de la tierra
se abalanza desde la memoria
la efusividad de los renglones de sus azoteas
que puedo mirar desde el cristal más alto
mientras se besan dos desconocidos 
entreteniéndose antes de comprar un souvenir
recuerdo la cuenta atrás del ascensor
que me libera a las calles 
cortina de agua precoz del invierno
acompañándome hasta la playa
donde flotan los fluorescentes
y los aceros atraviesan la ciudad
iluminando las tripas de los rascacielos
el agua llena de voces 
las calles húmedas 
a los pies de la tercera estatua de la libertad
un gato intenta calentarse 
en la luz de un foco a ras de suelo
el viaje silencioso de los revisores de tren
la memoria infinita de los edificios
cuya madera grita desde muy lejos
para devolvernos la plenitud de un pasado
y quemar nuestros ojos
fijos de esa esclavitud
de conmoverse con la vida
sus mil anhelos
su indiscriminada forma
vienen sin ser esperados
los ancianos que escardan las raíces del parque
el samurai que se pierde 
entre los bloques tejidos de cables
la sombra de la mano
bajo las alas de los gorriones
las bocas de los Koi
pidiendo pan en ahogados gritos
para alimentar a su pez dorado
el hombre del autobús
al que regalo un dibujo
hecho en el momento
las personas que fuimos entonces
en la cuna del miedo al delirio
cuando la pérdida era posible
en la bruma de la costa 
a la que la bailarina dio nombre
pero que he podido olvidar
no sin embargo
la luz del Sol de su horizonte
el tanuki saludando bajo el tejado
el sabor del té después de la tormenta
los platos disecados
las espadas paraguas
los rostros de los actores
del teatro de Gion
el olor del mercado de Asakusa
la paz del paseo de los filósofos
el rumor roto por la campana de Toba
el último sueño antes de volar
regresando a la guarida
el remolino de memoria
de todas las ciudades
la totalidad de la isla
en un cajón secreto
principio de continuidad 
de este viaje por concluir.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 1 de diciembre de 2014

Una torre.


Era una puerta abierta
un edificio sólido
sin cristales en las ventanas
era el pasillo
la precisión milimétrica de las escaleras
todas las corrientes de aire
y todos los recodos
también los recodos
parte de ese bloque
inmóvil
deteriorado
construido hacía demasiado
sobre la sima
de un lugar inalcanzable.

Era los sótanos
los cimientos
el azulejo roto
de un baño de apariencias
y era el sueño
de un silencio extraño
después de las alcobas
deslizándose en moquetas
estrujando las cortinas
olisqueando cada desconchado
de una pared llena de tatuajes.

Era una tranquilidad de hormigón y acero
de madera triturada
de porcelanas distribuidas
en la aleatoriedad de los comedores
de vajillas arrojadas a la espiral
del hueco de las barandas.

Era el griterío de voces sin cuerpo
de espíritus atroces
escondidos en los armarios desahuciados
donde quedaron las polillas
amargas de nafta
sin nada que comer.

Era un cuerpo tumbado
relamido
en una cama
era todos los pensamientos
en el silencio de su pausa.

Era la puerta cerrada
entreteniendo las metáforas
como amianto
entre cáncer y fuego.

Era la puerta abierta
este horizonte
donde la calma
de nuestro consenso.

Donde habitarse
para alcanzar la cima
del peligro.

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Ferran Garrigues Insa

Estados de(s) gracia.


No conviertan, señores, la poesía en algo inalcanzable
(sí, ya sé, soy el primero al que no se le entiende ni jota)
pero no es a propósito, 
es que yo tampoco entiendo la poesía
no sé que mecanismo debo intercalar aquí o allí
si vale la pena o la alegría o el desasosiego 
al decidir alternar directamente la posición de los adverbios
el final preciso de una frase
o la justificación vivencial para seguir escribiendo
no conviertan, señores, la poesía en algo, no sé, en poesía
dejen que les fluya la saliva de las estrofas
que les restalle el pecho en la ausencia del verbo
que mueran igual que cada día mueren
si no les quedan palabras para decir
si no les sucede algo verdadero
si no entienden que les come el presente
si pasan de largo sin saber decir sin miedo
si vuelven a escribir con astucia cirujana
mientras nada pasa 
mientras dejan de sentir el peso gravitacional del aire
en el esplendor contento
de esta barbarie de poetas sin alarido
incapaces de morder a bocajarro
el dulciamargo bocado de los versos
y volver a contar el delirio humano
su temporalidad
desde la dimensión vital 
de saberse momento.

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Ferran Garrigues Insa

Los electos.


A los que elegimos
posar la mano en el pecho de la muerte
decidir pasar hasta el último segundo
del reloj de los padres invisibles
para verles desaparecer
en ojos blancos de abandono
en lenguas secas de morfina.

A los que morimos de noche y de día
bajo las sábanas nucleares
donde como ancianos demorando el estado de exitus
no dejamos espacio a los siguientes.

A los que seguimos vivos
mientras la carne trémula
tiesa de espasmo cadáver
de todos los postmortem definidos en eternidad
se deseca ausente a las manos
perdida del sentir.

A los que espaciamos
la memoria origen
para defender un rescoldo
para ofrecer una tregua
sin pausa
lanzar
un
cabo
hacia las manos del miedo.

A los que exigimos un cambio
y concedemos una mirada rígida de reprobación
sin ser capaces de extender la paciencia
cuando el último segundo de los posibles hitos futuros
se estampa repentino
borrando la pizarra de todas las infancias.

A los que nos azota la verdad de nuestra genética
y nos concede la desaparición
para impulsarnos al olvido.

A los que se nos ahoga la alegría
volviéndonos de humo
vacío y aire
inapetentes
despojos
de la realidad.

A la horda que representamos
acudo
para fingir la alegría de vivirnos
para no dejar que caigan los mejores
porque no hay como nosotros
para reconocer a los buenos
entre los perdidos
para desplegar las alas
de las pequeñas aves ajenas
contenidas en sus ojos
demasiado inmensos
y desvencijar las jaulas
borrar los barrotes
enseñarles a partir
desde nuestra brevedad.

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Ferran Garrigues Insa