lunes, 1 de diciembre de 2014

Los electos.


A los que elegimos
posar la mano en el pecho de la muerte
decidir pasar hasta el último segundo
del reloj de los padres invisibles
para verles desaparecer
en ojos blancos de abandono
en lenguas secas de morfina.

A los que morimos de noche y de día
bajo las sábanas nucleares
donde como ancianos demorando el estado de exitus
no dejamos espacio a los siguientes.

A los que seguimos vivos
mientras la carne trémula
tiesa de espasmo cadáver
de todos los postmortem definidos en eternidad
se deseca ausente a las manos
perdida del sentir.

A los que espaciamos
la memoria origen
para defender un rescoldo
para ofrecer una tregua
sin pausa
lanzar
un
cabo
hacia las manos del miedo.

A los que exigimos un cambio
y concedemos una mirada rígida de reprobación
sin ser capaces de extender la paciencia
cuando el último segundo de los posibles hitos futuros
se estampa repentino
borrando la pizarra de todas las infancias.

A los que nos azota la verdad de nuestra genética
y nos concede la desaparición
para impulsarnos al olvido.

A los que se nos ahoga la alegría
volviéndonos de humo
vacío y aire
inapetentes
despojos
de la realidad.

A la horda que representamos
acudo
para fingir la alegría de vivirnos
para no dejar que caigan los mejores
porque no hay como nosotros
para reconocer a los buenos
entre los perdidos
para desplegar las alas
de las pequeñas aves ajenas
contenidas en sus ojos
demasiado inmensos
y desvencijar las jaulas
borrar los barrotes
enseñarles a partir
desde nuestra brevedad.

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Ferran Garrigues Insa

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