lunes, 1 de diciembre de 2014

Una torre.


Era una puerta abierta
un edificio sólido
sin cristales en las ventanas
era el pasillo
la precisión milimétrica de las escaleras
todas las corrientes de aire
y todos los recodos
también los recodos
parte de ese bloque
inmóvil
deteriorado
construido hacía demasiado
sobre la sima
de un lugar inalcanzable.

Era los sótanos
los cimientos
el azulejo roto
de un baño de apariencias
y era el sueño
de un silencio extraño
después de las alcobas
deslizándose en moquetas
estrujando las cortinas
olisqueando cada desconchado
de una pared llena de tatuajes.

Era una tranquilidad de hormigón y acero
de madera triturada
de porcelanas distribuidas
en la aleatoriedad de los comedores
de vajillas arrojadas a la espiral
del hueco de las barandas.

Era el griterío de voces sin cuerpo
de espíritus atroces
escondidos en los armarios desahuciados
donde quedaron las polillas
amargas de nafta
sin nada que comer.

Era un cuerpo tumbado
relamido
en una cama
era todos los pensamientos
en el silencio de su pausa.

Era la puerta cerrada
entreteniendo las metáforas
como amianto
entre cáncer y fuego.

Era la puerta abierta
este horizonte
donde la calma
de nuestro consenso.

Donde habitarse
para alcanzar la cima
del peligro.

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Ferran Garrigues Insa

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