jueves, 26 de febrero de 2015

Epopeya de un amante lacio.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

No era suficiente
la urgencia
solo el transporte pasajero
del tiempo
que espera
despachado de la presencia.

No era justo
el uso de los pareados
ni la volátil promiscuidad
donde cada palabra se apilaba
en la molesta mole del redundo.

Solo, no era suficiente
se desgajaba
el sentimiento del contrario
la soledad toda
flotaba presente
éramos ambiguos
sentimentales restos
definidos por ninguna procedencia.

Esperábamos a jugar desnudos
para comernos el ansia
de no beber humo
de no sedar el momento
no sabíamos decir silencio
esperar el rítmico latir
donde las ranas muelen la totalidad de los insectos
en el lugar prescrito
para dejarse morir livianos
sin superfluas moratorias.

Quizás el jeroglifo
o la forma final resuelta
de cada laberinto
al que te invité
no tengan escasez de transeúntes
preferiría poder contar nuestro final de otra manera
decidir si el coste de cada palabra
no sería tal vez un holocausto
desde el desprendimiento
en su caída profética
hasta el fondo de nuestras huellas.

Perdóname
que voy con prisa
y no tengo la pausa justa
ni la templanza plena
solo el estercolero
la raíz descubierta
del tubérculo oscuro
siempre ciego
devorado a conciencia
por todos los gusanos.

Perdóname
que tengo el alma seca
colgada de un garfio
la voz castrada
arrojada a los abismos
la lágrima quieta
en el borde del desfiladero
los ojos pozo
hechos de alambique
el pecho confortable
repleto de alfileres
el sexo dispuesto
contrario a la terapia
los labios versos
dispersos en mil bocas
las manos suaves
adoctrinadas en acariciar carencias
una trampa hecha
por la delicada promesa
de una madre cincel
hecha de trapo.

¡Qué canal de toda esta muerte!
inflado de risas
luenga la boca
estiradas las comisuras heridas
para no dejar salir el rostro
seguir danzando máscara constante
lanzando los besos avispero
propiciando orgasmos octópodos
lamiendo tu frenética desgana de lemur
adulterando un amor plastinado
creando un paraíso de restos
donde la carroña nos nutre.

Queda solo esto
en la ausencia
una hueste que huye
el vacío solar
donde tronaron sus pisadas
queda el reino imaginario
el matarife sol
la luz
queda aferrarse a la locura
para justificar el presidio
al que nos enredamos
con la pasión salvadora
con el aliento prófugo
y nos dejamos ver
entre dientes
el animal destrozo
en el fondo
de los restos mortales
donde hubo corazón
o eso hubiéramos deseado
antes de poder decidir
simple y llanamente
ser nosotros mismos
sin acompañamiento
o poder ser nadie
para serlo todo
cuando nos encontremos
después de la ira
en el cálido signo
en la certidumbre al reflejarnos
como obsoletos retales
adheridos a las pupilas
disueltos en las lenguas
tocados por los dientes
besados por los cuerpos
de quien nunca nos merece
de quien nada nos contenta.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 18 de febrero de 2015

Juramentos del desastre

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

Personalmente decidir el paso último desde la cuna
arrastrarse con la sola intención del camino
así, descuidando cualquier relación o sentido
cayendo desesperado, con el ansia abominable
el nudo en el estómago, el salto mortal inscrito en los genes
la luciérnaga de la voz, dormida en el diente
a la carrera cuando no nos queden fortunas
esperando no ganarse el pan, no sobrevivir la muerte
venir hacia lo llano, treparse uno mismo a su propia sombra
ahorcajarse en el desliz de los temperamentos homicidas
pero no matar a nadie, no perder ni un instante 
en mancharse las manos de sangría innecesaria
poder enfadarse en un segundo volver a enamorarse
girar en el punto más conflictivo de un abrazo
desenredarse y anudarse con otro zarcillo
llegando al risco desde el que se mira 
así, definitivo, el punto más alto
para tomar la perspectiva del que vence
para desvencijar el sentir del que se ofende
para adquirir la fuerza del que se ahorca
y no entiende quienes somos
ni las partes justas de cada milímetro de aire
ni el instante apalancado entre cada instante.

Personalmente evitar tomar los renglones a pies juntillas
más bien leer con laxa inquietud
demorar el último verso 
donde desvelar la ofrenda 
o la falsedad estrafalaria del poema
conjunto de quehaceres insectos
excretados como cualquier otra cosa
que uno saca del cuerpo a la fuerza.

Venir para desenredar la quietud
espolvorear su mies iracunda
desestimar cualquier prolegómeno
ir a donde duele, llegar a hundir la boca
en el estandarte rojo de la profunda herida
morder la hiel, dejarla caer a borbotones
rumiar el concepto amargo de su fragilidad
morar en el discurso de todos los discípulos
para azotar el rostro todas las veces
para dejar de regresar a los mismos lugares
sabiendo que siempre fue mejor perderse
como principio de todos los inicios
como estructura magna
para proclamar este tejido
con el que vestirse de cualquiera
y andar hacia ninguna parte sin extrañamiento.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 16 de febrero de 2015

Los cándidos.



Verlos pasear en el límite de la noche
sobre el hilo tenue 
bajo las coladas tendidas
en los ocasos finales
donde las voces susurran.

Son todo
y a todo acuden
escapan la voluntad de prevenir
sus ojos, siempre sus ojos
van por delante
en el primer escalón
bajo la última alcoba
detrás de las fuentes
desplegando un plan.

Ellos dejan insulsa cualquier aventura
porque retienen el cuento
reflejado en el fondo de sus quehaceres
dan volteretas inesperadas
en la cola del vertedero, también
en los recodos de los aparcamientos
esperando que alguien 
se quede prendido de su anzuelo.

Te someten
mirada lánguida
sonrisa exacta 
dejándose vencer
antes de proponer cualquier lucha.

Parecen los mismos de siempre
podrían sustituir al hombre de la esquina
al viandante vestido de azafrán
que hurga en el contenedor 
con un garfio fierro
podrían ser el perro del vecino
algún familiar...
pues detrás de ellos
existimos nosotros
incapaces de describir su estratagema.

Ah, los cándidos
angelicales salvajes
vestidos de hormona 
cuya apariencia marcada
adopta poses saturadas de precisión
dibujan las emociones
con el buril afilado de un maestro 
rinden fastos al ritmo
prometen portarse bien
mientras tratas de describir su humanidad.

Tal vez reescribisteis sus biografías
para desentramar su origen
ocultándolos así más y más
como el gran misterio
que jamás sucede.

Os quedasteis prendados de sus abrazos
de su ritual pose medida
de sus curvas en horizontalidad perfecta
del sonido grave de sus voces
del dibujo infantil que los desmenuza
firmado en servilletas
como un esquife
que les salva el alma
o como una última voluntad malentendida
que aspira a la salvación
a pesar de su fatigada hambruna
por tanto empacho, por tanto condimento.

Puede ser que un día
les rescatarais de ser devorados
por las sombras del atardecer
no les dejaseis caer en la noche
meciéndolos un instante.

Antes de que muerdan
escuchadles el latido
en cada palabra abultada
en el cáncer que les recome la garganta
y más abajo
cada órgano predispuesto a la verdad.

Dejadles convertirse otra vez
en todo lo negado
aprended a escapar en el último momento
apartaos de su furia
cuando alcancen a reconocerse
y sepan
y adquieran el conocimiento
de saberse imposibles
irrepudiables
inválidos para el fracaso
abocados a la decadente fama
de quienes solo los adulan con presentes
y se inflan, se hartan
de tanta candidez
hasta saciarse.

Hasta que nada les otorgue 
hasta que se les destripe la pena
y pasen y vean
breve drama
sutil jugarreta
danza triste
profunda y seca
sin tristeza
tan coherente 
con el final que les merezca.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 9 de febrero de 2015

Migratorias.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el


Premisa de oscuridad pretende la frontera
bajo el imperio ávido del migrante
bóvedas y trinos, justas y banderas
espacios donde querer defenestrarse
volviendo a recaer en las ausencias
criminales entornos vacían nuestra suerte.


Yo que no tengo silbido
bajo del vagón de las especias
huelo a canela, a trigo, y a otros tantos
que viajaron conmigo
el largo tiempo de la espera.

Yo que prescribo como ciudadano de la tierra
caigo hacia el sendero a cada paso
tragado por edificios colmena
rebotando entre cartones y moradas
ofrendas paupérrimas llenan mi hondo.

Yo que canto en el oscuro de los días
espectro bajo puentes y portales
anego de olores los cajeros
fabrico utensilios de la nada
escapo de la muerte como puedo.

Yo que porto el estandarte de la hueste
canto la fiesta invisible del olvido
separo la gran algarabía 
creando un mudo signo de victoria
en todo el tiempo mío sin recortes.

Yo sin nombre, desaparecido de la masa
integro el pulso de vuestra presencia
soy canal y flujo de otra vida
escupo en vuestro juego resumido
avanzo sin miedo hacia mi pausa.

A vosotros os saludo
hijos por deporte
estrategia de sistemas
numéricos engranajes sin misterio
ritual simétrico de horizonte.

Y os tiendo la mano
para dejar de alimentar a vuestros reyes
dejar morir de espanto a los mercados
favorecer el desencanto por la guerra
bailando libres, al fin, carentes de despojo.

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Ferran Garrigues Insa