jueves, 23 de abril de 2015

Epístola póstuma.

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Escribiendo para nadie
llegué a discernir este dilema
descubriendo la intimidad
de escribirte a ti.

Y me quedé sin voz 
al servicio del desasosiego
encumbrando las promesas
vine a acabar el día
cerrar los ojos y esperar la inmensidad.

Tal vez no sepas que pude haber muerto ayer
no una, sino infinitud de veces
que cada letra es una gota de sangre que desprendo
y el temporal arrecia 
y quizás haya perdido la esperanza
y quizás no la eche de menos
pero siempre he sido capaz de mostrarte el mundo
tal y como yo lo veo
entregado a todas las ofrendas
he amado quererte y he amado la muerte contigo
resistido la vida en el arrecife de los sueños
donde las miserias son marea
los dolores y enfermedades el delirio
pero nos hemos mantenido a flote
náufragos de recurso inevitable
aceptando el tránsito hacia corrientes 
en distintas orillas de esta era glaciar.

No nos destruirá el amar
seremos hijos de la supervivencia
nosotros los tiernos cibernautas
desajustados de corazón y promesa
bajo las capas superficiales de la pose.

No importarán demasiado nuestros nombres
en la escalera de cadáveres que nos allanan el triunfo
besaremos de nuevo, morderemos el labio de cualquiera
introduciremos nuestros sexos 
en el sendero infatigable del cariño
a la búsqueda de la experiencia básica
que tanto significado acapara
y ultimaremos los detalles
para dejar que los cuerpos se destierren
perder la imagen guardada del delirio
tomar el aire un segundo después del ahogo
para revivir, renacidos mismos 
especulares frenéticos
escaparate de una multitud ajena 
creyentes de la diferencia
ciegos a la pasión sin antojos
nosotros, los de siempre, entretenidos 
en una breve estela de repetición.

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Ferran Garrigues Insa

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