miércoles, 6 de mayo de 2015

Estábamos a tiempo.

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Todavía estábamos a tiempo de equivocarnos del todo
entrados en los treinta-y-tantos
nos gustaba hacernos el amor
presos de un delirio incongruente
mientras el día a día
se nos comía las entrañas
desconectados de la realidad.

Nos preguntábamos si queríamos tener hijos
cuando apenas nos conocíamos un mes
entre sexo salvaje y algunas cenas
visitas imposibles en mitad de la noche
en las alcobas prestadas de cualquier lugar
éramos alocados disturbios
y habíamos decidido demasiadas cosas.

Negábamos la posibilidad 
de desaparecer así 
instantáneamente.

Nos amarramos a las caderas con un garfio hecho de cariño
aventuramos profecías en los lugares secretos del encuentro
mientras la vida paseaba aceras llenas de cobardes
y enredarse en los labios de un desierto apacible
no era ninguna de las opciones que elegimos
a pesar de la paz que moraba en cada arrojo.

Todavía estábamos a tiempo de equivocarnos tanto
de equivocarnos demasiado
de no volver a tener otra oportunidad para equivocarnos
teníamos treinta-y-tantos
y una vasta experiencia en decidir sobre lo confuso.

Teníamos treinta-y-pocos
éramos jóvenes y alocados como ninguno
o eso pensábamos
cambiando de lado de la cama
riendo las ausencias
imaginando la distancia
desmenuzando la posibilidad
de no volver a encontrarnos
ninguno de los días porvenir.

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Ferran Garrigues Insa

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