domingo, 7 de junio de 2015

Promesía.

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La poesía no se acaba
porque el poema no empieza nunca
ni termina jamás 
termina el poema
porque los dedos no son soles
ni queman el papel 
con el extravío mágico del comercio de los verbos
porque el presente se elimina de golpe
entre que las vidas materializan su deseo
y pasan los niños riendo su convalecencia
mientras todavía no saben
que están más enteros que cualquiera de los muertos.

La poesía no se termina porque el poema no se acaba
no se empieza jamás a procrear letra 
por el placer inocuo de escribirla
o sí
y las teorías de los vivos que escriben
se desintegran en el humor momentáneo 
de los que temen cambiarse
el relevante amor propio, el amor a uno mismo
a la integridad de la persona 
a la forma aprehendida que somos.

La poesía no aminora su avance
es una corriente vertical
que no puedes sumergir.

La poesía es el cortejo 
de la inteligencia creativa
al mundo vivo
a la verdad tangible y a la verdad ignota.

El poema nos subyace
y dejaremos de llamarlo poema
y dejaremos de escribirlo con letras 
y podremos sentirlo, no saber nada
morir llenos de llagas hechas con lápices sin punta
voces indecibles que siempre desaparecen
verborreas insufribles de tomos episcopales
también tomarán su lugar en las hogueras del tiempo
porque la poesía es el grito extático
sin voz y sin silencio
cantado y regurgitado
prefacio de todos los cambios instrumentales
que todavía no podemos decir.

Augurio es el poema
y veritable condición de mudo
hecho de nudo y corazón
hecho de simétrica añoranza.

No, no se acabará nunca el poema
podréis enterrarlo en cunetas
cortarle las manos
electrocutar, estrangular, agarrotar
podréis quemar todos los huesos de poeta
verter el veneno dulce en la copa irreemplazable
decirles a vuestros hijos que no sean poetas
(este es un buen consejo siempre
no importa en que siglo vivas)
ahora, con toda seguridad encontrarán otro camino
donde no exista vuestra comprensión posible
y nazcan las nuevas utopías
y ya no estemos
y sean otros los que caminen
las vías recicladas de esta providencia.

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Ferran Garrigues Insa

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