sábado, 24 de octubre de 2015

Homicidio voluntario.

Una foto publicada por Ferran Garrigues (@ferrangarrigues) el

Hemos llegado al punto,
donde una palabra puede matarse con un arma
donde apuntalamos con nuestros dientes
las fronteras impuestas por nuestros ancianos
ha llegado el día
en que las tradiciones
son más que cualquier hijo
que las ideas 
son cartel publicitario despojo para el reciclaje
hemos alcanzado las subterráneas cotas de miseria
entre la mayor mentira de la descomposición del lujo
y respiraremos aire traído del Himalaya
para esperar alargar nuestras vidas
encima de esta roca monda
en la que convertimos las naciones.

Mientras tanto
el estercolero comercial
y el islote imperio
tienen problemas que resolver
dentro de los vientres de las bestias
se agita la muchedumbre
los dioses piden su reclamo
y la sangre correrá manantial
para demostrar de nuevo
que nada ha cambiado
nada ha sido suficiente.

Hemos llegado a un punto, 
a ese punto preclaro de los taumaturgos
en el que parece que se necesita un truco
para resolver el gran misterio de la hecatombe
durante el tiempo de la mordaza
durante el tiempo del hambre
durante el tiempo del insulto
durante el tiempo de la mansedumbre
durante el tiempo de la cólera
durante el tiempo de la apoplejía
durante el tiempo de la casta
durante el tiempo que nos queda
que ya no es nada, que no nos suma
si no volvemos 
si no dejamos caer las fronteras
desenterrar a los muertos que son más libres que nosotros
si no olvidamos las tradiciones
si recomenzamos 
si plantamos
si nutrimos
si cuidamos
si salvamos
si horizontales nos miramos a los ojos
ninguno mejor que nadie
nadie mejor que nada
sin mordaza
sin hambre
sin insulto
sin mansedumbre
sin cólera
sin apoplejía
sin casta
con tiempo y con suma
para seguirnos 
para volver a vernos
en la paz de las plazas
en la tranquilidad de las alcobas
en el aire limpio de nuestra mirada.

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Ferran Garrigues Insa

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