lunes, 21 de diciembre de 2015

Algunos moriréis.

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Algunos moriréis mejores
pasaréis por la vida con la conciencia bien alta
sin mancharos las manos en el barro
sin suscitar una miserable duda
vuestros pensamientos serán inocuos, siempre
un halo de santidad irrevocable
pesará sobre vuestros hombros
y vuestra ideología, nunca cambiante
tan pura que pueda compararse
a la toga del santo padre.

Algunos moriréis mejores
y se os guardará en sepulcro
una biografía, alguna calle
donde los borrachos entonen cantos a nadie
y las procesiones de siempre
ignoren todo lo que hicisteis.

Porque a veces, uno
tiene que hundir los brazos en la fuerza
convertirse en soldado 
perder la cabeza de la lanza
para herir más fuerte
para asaltar la depredación de los conversos
porque es miserable no unirse a la batalla
cuando el momento es propicio
aunque la historia parezca no querer recordarte.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Refractante.

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Simetría
dije 
que eras
simetría
de 
abismo
indiferencia 
y se acabaron todos los verbos
para contarte
te dije 
simetría, abismo, indiferencia
en proporción saturada
tan nosotros
tan imposibles
las lenguas que nos devastaban
tan incógnitos los labios
en el freno escaparate
de nuestra pantomima.

Simetría
una simple
y perfecta
simetría.

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Ferran Garrigues Insa

domingo, 13 de diciembre de 2015

Parias.

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Ser un apátrida siempre
en todos los ámbitos a los que no te adaptas
mientras has sido cada una de las cosas
dentro de un margen
pero a pesar de ello
te habita el cieno hecho de herrumbre
conductor de epopeyas.

Serás un errante
en este mundo asentado
hecho de costumbre
serás un despojo
para el que te mira altivo
desde su cátedra de humo
desde su trono de dinero.

Y aunque mueras hoy
en esa cama aséptica
sin pena ni gloria
te completan las suelas 
mordidas por la pólvora
las penurias de la humanidad constante
a la que no supiste ayudar.

Que no pagues hoy
no significa que no paguen 
los pedazos de tu herencia
aunque en el túmulo
donde los cuerpos sin ojos
resultan extrañamente adorables
todos recordemos que existimos 
antes del desastre.

Aunque no sepa nadie
aunque te relamas de todos los triunfos
algo en la sangre
clama volver
completar el círculo
que trazaron mucho antes de ti.

Es por esto que nunca dejarás de andar
te conocerán los desiertos
los hijos, fatídicos caídos en el avance 
los dones 
tendrán un sentido 
tan simple como expiar esta aceptación.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Pequeños cambios.


A veces cosquilleaban las letras
a falta de combate y de ideologías de lo necesario
porque no había mucho por lo que luchar
salvo las guerras miserables
en las que uno se ganaba la condecoración
a cambio de carne y sangre de pobladores de tercera
y a veces, con suerte, de segunda
los de primera seguían la guerra desde sus monitores
estructurando el siguiente discurso
para contener a las madres 
cuyos hijos destripan en el frente.

A veces dolían las letras
pero su conjunción era tan necesaria
para el siguiente posible último aliento
que a veces se difamaban unas a otras
se herían en la lujuria que perpetran las mentes
para ser siempre mejores al otro
compitiendo incluso
en la calidad
de los sentimientos
en la calidad
de las sensaciones.

A veces era todo amargo
verbos, adjetivos, pronombres varios
una estampida de rápidos ritmos que se repetían demasiado
otras el desastre se acomodaba paciente
a la espera de los estallidos y los regímenes
donde los dictadores reestructuraban la palabra
desajustando los valores y los principios.

A veces parecía que todo iba a cambiar
y solo se transformaban las hojas del estío
las aves seguían huyendo
presas del pánico de las festividades humanas
los niños del hambre pasaban al olvido
las gentes que morían en el libre desasosiego de los parques
seguían muriendo libres
más libres que todos los acomodados
a los que les miden el aire para mantenerlos vivos.

A veces, entre aquella marea 
era necesario tan solo 
un relámpago caído en la cumbre
o un crujido en la hierba
o el vibrar inquieto de las plumas
o la paciencia socavando su raíz debajo de los edificios
o un santuario de semillas 
(a las que no tocaron pesticidas
con ínfulas de extinción)
esperando su momento
para que donde se habían asentado desiertos
la vida volviera a despertar.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 3 de diciembre de 2015

Retórica del dolor.

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Acurrucada serpiente
eso soy hoy
un roto sistema de convicciones
deshecho
mugriento
aparatoso
una máquina
maldita
rellena de goznes 
apilada
un heraldo de la muchedumbre
a la que pertenece.

Un agusanado ovillo hecho de dientes
un intestino vuelto del revés
una forma confusa
del más destrozado de los sueños.

Y permitir una jornada más
que la estela del tiempo tribute
un veneno simple, letal e indiferente
compuesto de retóricas inflexibles
dulces resistencias 
es lo menos 
que puedo hacer por cambiar
arrojar el dilatado cuerpo
a la promesa de un día mejor
mañana.

Este cuerpo que late la caricia de cualquier sombra
esta resurrección infligida y obligatoria
esta grandeza acobardada que siente y siente
que tiene que dejar de verse
los misterios ocultos del espejo
en este fingirse todo el rato.

Acurrucada serpiente
algo de eso
al margen, todas las fortalezas
a medio gas, todas las batallas
para un espectro acomodado
a esta decrepitud constante
hecha de objetos familiares
rellenos de impostura.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 1 de diciembre de 2015

El síntoma de la persistencia

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Hay una alacena de cadáveres en las hemerotecas
donde nadie mira nunca
donde existe un sinfín de materia
alimentada con muerte
con la peor de las muertes
como ofrenda indigna.

Hay un estante que no se limpia
una conciencia que no se macha
una boca que no dice
una vida que no se relata
un cuerpo que no se abraza
un alma que no se exige.


Hay un beso no dado
una voz apaciguada
con un verbo que aturde
el extremo del silencio.

Hay un punto crucial
que nadie significa
cuyos teoremas indulgentes
podrían superar cada herida
cada devaneo 

entre cuerdos cadáveres y vivos muertos.

Hay una puerta que no se cruza
un límite que trenza el olvido
al que enfrentan
con manos niñas
con frentes arrugas
con simientes de coraje
todos los caídos.

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Ferran Garrigues Insa

Nadie mata nada.

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Dulce, el acopio dulce
en un enlentecer de las heridas
tierno lametón de cachorro
que desborda lacrimales
sumido el tiempo en estrategia
todo este tiempo
de lentitud adorable
convirtiendo la estatua
que fuera el discurso del hombre
nunca consciente de su absurdo
enterneciendo el reflejo
dominando el miedo
provocando el signo
que despierta lo humano
más allá de cualquier nomenclatura especista
el encuentro
posee un poder inolvidable
nadie mata nada
si comprende esto
nadie mata nada
sin compasión y misericordia
sin dolor y sufrimiento
si conoce la verdad
de los instintos
que no nos diferencian.

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Ferran Garrigues Insa