jueves, 28 de enero de 2016

El asco.

Si quedaran lágrimas posibles
en la aurora trepanada
donde los niños se despeñan
no volvería a reír nadie
ni a proferir miseria
asfixiándose el corazón
con el ansia de que ninguno repita
el cobarde acto atávico
de satisfacerse el deseo
en la intocable piel de la infancia.

Cuantos cuchillos afilados
con la paciencia de un cirujano
deberían acariciar lentamente
el coraje de los perversos
en esta hora de nanas
que ya no harán dormir
una sombra niña, arrancada del futuro.

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Ferran Garrigues Insa

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