domingo, 28 de febrero de 2016

Moratoria



Cada mañana
al despertar del extasío
el mismo rostro
que ayer se urdía
persona cercana
junto a un nombre
se muestra endurecido
con la mirada hacia adentro
coraza hecha de cartón
y se empobrece
porque no habita en él
alma alguna.

Cada mañana
entreteniendo la moratoria
de llamarnos algo
trepamos el horizonte de la sábana
y cabe entre nosotros
algo ostensible
un amor o residuo
resquicio famélico
de un inicio desgastado
sutil propuesta
abandono triste
de la costumbre.

Cada mañana, así
sucede desde hace años
una melodramática cultura
de abismo temporal
agujero de parejas
tramoya insensible
a la cadencia de sus actores
condición de la burda mecánica
que urde su estadística
y a veces hay golpes
subidas de tono
sexo despreciable.

Cada mañana, si
parece que el sol
ilumine un rumbo
dentro de nuestras posibilidades
en el límite del aguante
nada más lejos
de esta realidad constante
a la que nos acostumbran
y prometo varias cosas
mirando a los ojos del espejo
mientras muere la mitad del mundo
y nadie viene a besarnos
antes de la rutina.

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Ferran Garrigues Insa

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