viernes, 22 de abril de 2016

Dolorcillos.

Esta noche se alarga
mientras el dolor no amaina
y las sombras lineales de la ventana dibujan a otro
lejos de la refriega
esperando
para caminar la curva de los astros.

Parece que no quede un lugar
donde dormirse plácido y tranquilo
pero lo encuentras
y aunque se note la ausencia
queda nada a lo que regresar
virtud de desaparecer y enrocarse sin posibilidades
una muerte más
para sumarse al podio
de los perdidos.

Esta noche duele por dentro
hasta la piel se hace invisible
para el invernadero del alma
nos comen los gusanos
nos comen
con su ardiente retumbo
mientras los soles y las lunas
acostados
van escarificándose los nombres en el pecho.

Las frases desprovistas de significado
vienen a vivir un tiempo que se agota
la rapidez, el invisible muro
las manos que no volverán a tocarse
el paso predicho hacia nuevos bosques
un pinchazo simbólico en el hemisferio izquierdo
la voluble pretensión de conocerse tanto
esa melancolía venida a menos
esa hipocondría multiplicada 
quieren quedarse bajo el costillar
fabricando un nido de profética memoria.

Esta noche inversa
parece brillar para desvelarnos
en cada arruga sanguijuela 
que bebe de adentro
y nos dibuja afluentes
de una cloaca 
en el centro del reposo 
en el impasible féretro del amanecer
y nosotros
tan decididos a vivir
cruzando su incandescencia
nos arrancamos el lastre
desplegamos los artilugios 
para abrazar la ceguera de un día más.

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Ferran Garrigues Insa

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