domingo, 15 de mayo de 2016

El poder.

Agrego el miedo
espolvoreado sobre la conciencia
les implanto una palabra
en los noticiarios
a modo de cocinero precavido
para asaltar el futuro.

Agrego el terror
el absurdo terror a desaparecer de los nacidos
durante las comidas
a las horas justas 
donde están todos sentados
en esta evangélica congregación moderna
de pantallas y proteínas
de cuerpo atléticos
poco preparados 
para sobrevivir a la dialéctica.

Agrego la bondad
la ilusión de bondad
para que parezca que lo que digo
que contiene palabras como genocidio
escondidas de forma breve
entre los recovecos de mis afirmaciones
no sea tan grave en apariencia
porque tengo claro lo que digo
para qué lo digo
y hasta dónde quiero llegar.

Agrego salpicaduras de religión
justos proverbios
taumaturgias variadas
para entremezclarme en lo cotidiano
y me repito 
cada segundo de cada minuto de cada hora
tantas veces como sea necesario
ya sea en los soportes tecnológicos
que aferras a tu mano
que introduces en tu oído
que viertes en tus ojos
me repito hasta volverme humo
y dejarte un aroma
una memoria que parece no doler
un quiste mínimo
pequeño cáncer para tu verdad.

Agrego que el tiempo pasa 
así, deliberado
que las cosas no duran
que la costumbre es sabia
o es simple costumbre
y que atenaza a las personas 
las vuelve estúpidas
porque la felicidad es tonta
tonta de cabo a rabo
y se conforma con menos
de lo que aparenta.

Agrego la espera
diligente
inevitable
de una voz que me viene
y la justifico
y justifico esta psicosis
para contentar a la multitud
y los atrapo en la red
donde solo se es libre
bajo el mandato
a modo predilecto
de esta pervertida construcción.

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Ferran Garrigues Insa 

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