miércoles, 22 de junio de 2016

La cáscara.

La cáscara rota y reducida
nos deja sin voz
caemos sobre su despojo
para rodar presos de un dolor agudo
plagado de nostalgia 
desahucio 
sin sentimiento de hogar
o de familia.

Venís a mi ahora
en el tiempo pasado
sobre los lomos del vacío
para cebaros con la suerte
del que corre escapando de la vida
pensando que lo mejor 
es vivir así
porque os ciega 
vuestra mirada hecha de cemento
queréis la amistad jamás ofrecida
tendéis la mano
ahora
después 
para ser compadres 
no sé ya cómo
aunque en el fondo 
siempre supe que esto pasaría.

Estoy despojado de virtudes
y se me escapa el tiempo
intentando reparar el daño
que causa esta voz 
en todo lo que ama.

Reconstruyendo el lodo
se escurre 
se desmigaja
en pegotes fallidos
que recuerdan 
vagamente 
a un hombre que grita.

La cáscara sigue irreparable
un epitelio simple
donde nos arrojan
para voltearnos intentando escapar
somos las hidras del sueño
las serpientes sin coraza
el diente de los niños
perdido en cualquier basurero.

Venís hasta la puerta
y ya no tengo un ápice de misericordia
por ninguno de los recuerdos
que sé 
que atesoráis
de alguien que ya no soy
de todo lo que desconozco
hecho de olvido
forzado
perfecto
liberador.

No, no queda nada por hacer
salvo la palmada en la espalda
sin roce y sin vestigio
sin retribución alguna
en este burdo intento 
de solapar la profundidad
de todas las heridas.

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Ferran Garrigues Insa

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