domingo, 19 de junio de 2016

Poeticidio.

Para matar al poeta
hacen falta pequeños ritmos
hechos de aguja y puñal
versos prometedores de verdad
en la añoranza ritual de elevarse a alguna parte.

Para matar al poeta
acabar con su simiente
no hace falta quemar 
palabra por palabra
no hace falta. 

Para acabar con el poeta
hay que dejar que las masas lo devoren
como un tentempié 
convertirlo en frase evocadora
de sobre de azúcar
filosofía de bolsillo
panfleto, libro sagrado.

Para matar al poeta
hay que hacerlo libre
hay que rescatarlo
darle de comer todos los días
hay que compararle siempre
cada día
con algún otro
aunque no se parezcan en nada
decidir que sus evocaciones 
son exactamente las mismas
verso por verso
impulso por impulso
verdad tras verdad
las de cualquiera.

Para matar al poeta
hay que prestarle toda la atención
y dejar que se pudra incapacitado
en el desastre de si mismo.

Para matar al poeta
para matar al poeta
para matar al poeta
para matar al poeta
para matar al poeta

hay que disparar a su vientre
para que escapen todos los insectos
y se llene su despensa.

Para matar al poeta
hay que dejar que encuentre el amor
y lo confronte así como los otros
día a día
en la tumba de las reiteraciones
y aun así
siento comunicarles
sigue siendo casi imposible
acabar con él.

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Ferran Garrigues Insa

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