miércoles, 3 de agosto de 2016

No quedarse.

Nos habíamos dejado solos
sin saber por qué
dejamos de discutir
interminables palabras 
que nadie sabía de que manantial herida provenían.

Nos habíamos dejado solos
uno a cada lado del espejo
pero solos de cabo a rabo
sin eco en las estancias
unos doloridos menos que los otros
algunos incapaces de decirnos
otros con demasiada voz todavía
mordiéndoles el intestino.

Quedarse, quedarse
era la voz 
quedarse
mantenerse en vilo
lanzar la piedra
sobre el estanque
donde el hielo escenifica su resonancia
hasta que la astilla salte
la capa se rompa
algo se hunda en el vientre helado de esta complejidad.

Nos habíamos quedado solos
muñecos de nieve esperando al Sol
sin miedo a revelarnos frágiles a su caricia
nos habíamos quedado tan solos
tan vacíos de uno a otro lado
de arriba hacia abajo
en las espirales del sueño
no había quedado nada que llevarse miserable a la boca
para alcanzar este estado de conciencia
donde empieza a importar poco quienes fuimos
para dejar paso a lo que somos
aunque cueste tanto reconocerse.

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Ferran Garrigues Insa

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