viernes, 16 de septiembre de 2016

Estrechez.

Parece que no haya que decir guerra
entre las cúpulas de humo
y los mastodontes de acero
donde las balas se alientan
para atravesar un espejo hecho de carne.

Parece que podamos esquivar la pendiente
que nos lanza a la boca del reposo
para no pensar, para dejar de pensar
nos hacinamos hechos de mortal perseverancia
acorazados de paz, pensamos que somos invulnerables.

Luego tememos el oleaje, perder la vida entregados al tifón
y hemos permitido que los niños aprendan a disparar
a desollar vivo un delfín
a atravesar el cerebro del ciervo
mucho antes de poder decir: no.

Parece que no haya que ofender a nadie
por si acaso la mano es más rápida 
el diente más amargo, la reacción más explosiva
y dejarnos nada en el intento
para cambiar el discurso de los básicos.

Parece que estemos hechos de sobras 
acúmulos de resilientes mutaciones 
hechas de constancia y virulencia
trepanados hasta la muerte 
pertrechos de madera labrados sin detalle.

Después podemos mutar en el último instante
redimidos en el compacto hacine de la congoja
rimar la vida, en la extensión última 
salvarnos, a pesar de estar descosidos 
faltos de coraje y parches, para evitar desangrarse.

Todo cabe en esta estrechez
minimalista recurso
donde todo parece confortable
en esta hora de dormir.

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Ferran Garrigues Insa

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